Por la misericordia

«Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y Su amor hacia la humanidad, Él nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a Su misericordia, por medio del lavamiento de la regeneración y la renovación por el Espíritu Santo» (Tito 3:4-5)

Aun viviendo los hombres en la injusticia, Dios los amó de tal manera que dio a Su Hijo para redimirlos de sus pecados.

Y los que se entregan a Él arrepentidos son lavados por Su sangre y perdonados por la fe, y pronto reciben Su Espíritu, pasando a ser nuevas criaturas para santificar Su Nombre con sus vidas, honrándolo y glorificándolo por Su bondad infinita.

Ester Bezerra

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