«Y acercándose Jesús, les habló, diciendo: Toda autoridad Me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mateo 28:18-19)
El Padre le dio únicamente a Él todo el poder en el Cielo y en la Tierra; por eso envió a los discípulos a ir por el mundo predicando Su muerte y resurrección, llevando el Reino de Dios a quienes creen en Su sacrificio a favor de todos los pecadores.
Y Su Palabra es viva y se cumple hasta hoy, por medio de Sus siervos que difunden Su voluntad de salvar a quienes lo aceptan como su Único Salvador.
