«No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.» (Lucas 5:32)
El Señor Jesús fue muy claro al afirmar que vino a ofrecer la salvación a quienes se arrepienten de sus pecados y deciden vivir de una manera que le agrade: puros, lejos del pecado, manteniéndose obedientes a Su Palabra y viviendo la fe del Reino de Dios.
