«Alégrense tu padre y tu madre, y regocíjese la que te dio a luz. Dame, hijo mío, tu corazón, y que tus ojos se deleiten en mis caminos» (Proverbios 23:25-26).
¿Qué padre o madre no se alegra al ver a su hijo en los caminos de Dios? Es una tranquilidad sin fin saber que entregó el corazón, los deseos y las voluntades en el Altar y vive para hacer la voluntad del Señor, con una vida íntegra ante Él, santificando Su Nombre.
