«… no sea que cuando hayas comido y te hayas saciado, y hayas construido buenas casas y habitado en ellas, y cuando tus vacas y tus ovejas se multipliquen, y tu plata y oro se multipliquen, y todo lo que tengas se multiplique, entonces tu corazón se enorgullezca, y te olvides del Señor tu Dios que te sacó de la tierra de Egipto de la casa de servidumbre.» (Deuteronomio 8:12-14)
Es imposible olvidarse de Dios, Aquel que nos arrancó de la oscuridad y del pecado, dándonos una vida próspera y feliz. Con riquezas o sin ellas, nada ni nadie podrá separarnos de ese amor que nos redimió, dándonos acceso al Trono del Padre por medio del sacrificio de Jesús, nuestro Salvador.
