Odiar el mal

«Los que amáis al Señor, aborreced el mal; Él guarda las almas de sus santos; los libra de la mano de los impíos» (Salmos 97:10)

Si el justo aborrece el mal, obedece el mandamiento de Dios de amarlo y lo coloca en primer lugar en su vida, cuenta con Su protección y es librado de todos sus perseguidores, pues así lo garantizan Sus promesas.

Los acusadores verán Su poderosa mano sobre la vida de aquel que Lo sirve con el cuerpo, el alma y el espíritu. ¡Dios honra a quienes Lo honran!

Ester Bezerra

Compartir este artículo
No hay comentarios