No te adaptes… ¡Lucha por la promesa!

Dios creó al ser humano con varias capacidades; una de ellas es el de la adaptación. Es decir, las personas tenemos la facilidad de adaptarnos al clima, a la cultura, al alimento, al entorno, entre otras cosas. El problema empieza cuando nos adaptamos a ideas y pensamientos que nos perjudican.

A través del apóstol Pablo, Dios nos orienta: «Y no os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente» (Romanos 12:2).

Durante el Santo Culto del pasado 26 de julio, el obispo Franklin Sanches enseñó que algunos de los pensamientos a los que muchos se apegan son: «Nací pobre y pobre voy a morir», «mejor solo que mal acompañado» o «si mi familia murió por una enfermedad, estoy destinado a lo mismo».

No obstante, esa mentalidad no trae ningún beneficio, al contrario, anula nuestra fe. No obstante, la fe es la única que puede producir un cambio en nuestras vidas. Incluso, la Biblia afirma que sin fe es imposible agradar a Dios, pues ella nos motiva a indignarnos contra los problemas y luchar.

De acuerdo con el obispo, «para que el Espíritu Santo haga la obra en su vida, usted tiene que permitir que sus pensamientos sean cambiados por los del Altísimo». Pero si la mente está llena de lo que no sirve, ¿cómo renovarla? «Con la Palabra de Dios; cuando comienza a introducirla en su mente, sus pensamientos empiezan a cambiar, deja de ser una persona conformista», explicó.

¿Hay un «jebuseo» en tu vida?

Cuando Israel recibió de Dios la promesa de la tierra prometida, fueron contra los habitantes de aquellas tierras para tomar posesión de ellas. Y Josué conquistó aquellas ciudades, excepto una; el corazón de la tierra prometida: Jerusalén.

«Mas a los jebuseos, habitantes de Jerusalén, los hijos de Judá no pudieron expulsarlos; por tanto, los jebuseos habitan hasta hoy en Jerusalén con los hijos de Judá» (Josué 15:63).

Como no lograron vencerlos, se adaptaron a ellos. Asimismo, muchas personas se han acostumbrado a tener un jebuseo (problema) en sus vidas. Pero Dios tiene un plan distinto, Él quiere que tengamos una vida plena.

El ejemplo de David

Los jebuseos fueron creciendo en medio de los israelitas y, con el tiempo, esto se convirtió en un problema. Hasta que, casi cuatrocientos años después, se levantó un hombre llamado David, que decidió tomar una actitud con respecto a la tierra prometida.

«Y el rey y sus hombres fueron a Jerusalén contra los jebuseos, los habitantes de la tierra, y estos dijeron a David: No entrarás aquí; aun los ciegos y los cojos te rechazarán; pues pensaban: David no puede entrar aquí» (2 Samuel 5:6).

El lugar que los jebuseos no querían dejar era el monte Sión, es decir, el lugar que Dios había designado para que se construyera Su santo templo. «Como el diablo lo sabía, usó a los jebuseos para que permanecieran allí, humillando y avergonzando a Israel, hasta que se encontraron con un hombre diferente, sobre quien estaba el Espíritu de Dios», comentó.

Este hombre no se quedó con los brazos cruzados: «No obstante, David conquistó la fortaleza de Sión, es decir, la ciudad de David» (2 Samuel 5:7).

Se trataba del mismo David que había derrotado al gigante Goliat. La Biblia dice que fue un hombre conforme al corazón de Dios. Como tenía los pensamientos del Altísimo, no iba a permitir que aquella situación continuara. Incluso, fue engrandecido: «David se engrandecía cada vez más, porque el Señor, Dios de los Ejércitos, estaba con él» (2 Samuel 5:10).

«El Dios que estaba con él, también quiere estar con usted, en su interior. La pregunta es: ¿Qué es lo que usted va a hacer al respecto?», preguntó el obispo. «¿Va a permitir que el “jebuseo” siga ahí con usted?».

El Señor quiere que tengamos la misma fe y visión que tuvo David para ir en contra del problema y luchar por el cumplimiento de Sus promesas. «Si usted comienza a pensar de esa manera y le pide: “Espíritu Santo, entra en mí. Ven conmigo, como sucedió con David”. Así, usted va a empezar a vencer a todos los “jebuseos” que están parados en su vida», comentó.

Asimismo, el obispo explicó que en la Universal siempre se realizan propósitos de fe, como la Hoguera Santa, para que las personas vayan al Altar, usen su fe para entregar sus vidas, y que estas sean transformadas. «Para que no se resignen a una imposición o a la condición que el propio satanás les está imponiendo», agregó.

Por ello, aconsejó: «No deje que el diablo dicte lo que usted puede y lo que no puede lograr. Guíese por lo que está escrito en la Palabra de Dios. Lo que Él prometió tiene que hacerse realidad en su vida.

Compartir este artículo
No hay comentarios