No sea arrogante

No sea arrogante

Por Departamento Web

Vivimos en una época en la que parecer ser alguien ya es suficiente, mientras ser, de hecho, ya no parece ser necesario

Ser valiente forma parte de las características de un hombre de verdad —y antes de que alguien reclame, el valor no es de exclusividad masculina, pero esta es imprescindible para la virilidad de este género. A pesar de que muchos hombres se consideren los mandamases en las luchas diarias y digan que enfrentan cualquier circunstancia, en el momento de demostrarlo, ellos huyen de la situación con la “cola entre las patas”.

La cobardía no se relaciona solo con grandes conflictos. También puede estar presente en las actitudes del día a día. Existe aquel sujeto que dice que destroza todo y a todos, que cuenta sus anécdotas o dice pestes contra alguien que ni está presente, pero, si realmente tiene que enfrentar la situación o a la persona de la que se habla, no sabe cómo empezar o termina huyendo de ella.

Otro tipo de cobardía es transmitirle una falsa idea de compromiso a una mujer. El sujeto finge que es un romántico incondicional, moldeado para ser padre y jefe de familia, cuando, en realidad, solo quiere conversar con la mujer para que abra sus puertas y tener intimidad con ella. Sí, en este caso, canalla también es otro nombre para designar al cobarde.

También está el hombre que parece ser un líder nato, pero se esconde, se protege, detrás de los logros de aquellos que realmente actúan. Después, él insiste en recibir los laureles de la victoria como el gran autor de una hazaña, que fue “ayudado” por un equipo y le agradece públicamente como si fuera un favor, cuando, en realidad, lo que él alimenta es el propio ego. Esto se aplica en todas las áreas, pero es muy común en la profesional.

Un pequeño versículo bíblico es una gran advertencia contra el mal descrito anteriormente: “Porque el que se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña. Así que, cada uno someta a prueba su propia obra, y entonces tendrá motivo de gloriarse solo respecto de sí mismo, y no en otro” (Gálatas 6:3-4). Es decir, quien es hombre demuestra quién es, pero no hablando. Pero, si habla, es de buen gusto que cumpla. La incoherencia entre lo que se dice y lo que se hace es la mejor forma de identificar a un cobarde. Como todo en la vida, Dios le dio al hombre la capacidad de aprender. Y aprender es cuestión de hábitos, de ejercicio constante. De esa forma, quien no nació siendo valiente, puede serlo. Aquel que busca a Dios en Su Palabra sabe en dónde encontrar el valor. David, por ejemplo, fue un guerrero intrépido, consciente de que el miedo podía tocar su puerta, pero él sabía en dónde “recargar las baterías”, como está escrito en Salmos capítulo 55.

Como ya se dijo, vivimos en una época en la que parecer ser alguien ya es suficiente, mientras ser, de hecho, ya no parece ser necesario —como se puede ver por el sinnúmero de perfiles mentirosos en las redes sociales.

Definitivamente, si queremos hacer la diferencia como hombres de Dios, no podemos ser arrogantes. Un hombre de verdad, sujeto a Dios, aunque no se considere capacitado, sabe cómo encontrar el valor y la fuerza con Él para todo en la vida.

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