Desde el principio, Dios enseñó que en el matrimonio dos se convierten en una sola carne (Génesis 2:24). Esta expresión refleja el nivel de integración que la pareja debe asumir al cuidarse mutuamente. Sin embargo, es común escuchar frases como: «No puedo vivir contigo ni sin ti», pues muchas parejas, aun amándose, no logran convivir en paz y llegan a separarse.
En la reunión de la Terapia del Amor del 5 de marzo, se abordó este tema. Aunque el amor suele ser la motivación inicial de una relación, debe desarrollarse con conciencia y esfuerzo; sentir no basta para sostener un matrimonio. Por eso se enfatizó la importancia de la necesidad de trabajar primero en uno mismo para vivir un amor pleno.
Este amor, el amor verdadero, solo lo aprendemos a través del ejemplo del Señor Jesús. Él nos dejó la guía sobre cómo ponerlo en práctica.
Reconciliar el entendimiento
Por causa del pecado, la humanidad se alejó de Dios y se enemistó con Él; pero Jesús, mediante Su sacrificio, nos reconcilió con el Padre:
«… y por medio de Él reconciliar consigo todas las cosas…, haciendo la paz mediante la sangre de Su cruz. Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado» (Colosenses 1:20-21).
Una de las enseñanzas centrales en la Terapia fue que, así como dice este versículo, la enemistad en la pareja comienza en la mente: dos que se amaban llegan a volverse «enemigos» por diferencias de pensamiento que generan discusiones, mentiras o infidelidades. Incluso quienes se separan y vuelven a intentarlo siguen peleando porque el corazón quiere, pero la mente no está alineada.
Por ello se recalcó que solo Cristo puede reconciliar ese entendimiento. Cuando ambos entregan su vida y su mente a Jesús, Él alinea sus pensamientos y crea verdadera comunión. Por eso, para que haya reconciliación entre dos personas, primero debe haber reconciliación con Dios, aceptando a Jesús y obedeciendo Su Palabra.
Vencer el ego
En la reunión se mencionaba que hoy muchos creen que es el otro quien debe cambiar, y culpan a sus parejas —pasadas o presentes— por su infelicidad. Pero pensar así solo oculta la responsabilidad personal: quien no trabaja en su interior repite los mismos errores sin importar con quién esté.
La verdadera felicidad depende de uno mismo. Para construir, restaurar o iniciar una relación sana, es necesario sanar el interior: traumas, miedos y conductas dañinas seguirán afectando la relación mientras permanezcan dentro de la persona. Cambiar de pareja o de lugar no sirve si el mal continúa actuando en el corazón.
Jesús enseñó en la cruz el mayor ejemplo de sacrificio: morir al propio «yo» para hacer la voluntad de Dios. Vencer el ego no es fácil; incluso Jesús expresó Su angustia: «Padre Mío, si es posible, pase de Mí esta copa… pero no sea como Yo quiero, sino como Tú quieras» (Mateo 26:39). En momentos de conflicto uno elige si reaccionar y hablar de forma hiriente o, «crucificando» nuestro yo: esperar el momento correcto para hablar. La Biblia dice: «La suave respuesta aparta el furor» (Proverbios 15:1).
Además, se recalcó que quien se sacrifica y renuncia a su orgullo y voluntad tiene la base para construir una relación plena y encuentra paz.
Perdonar
Una reflexión importante que se hizo fue que la cruz también nos enseña a perdonar, pues Jesús, aun sufriendo humillación y maltrato, no condenó a nadie; perdonó y abrió la puerta para que todos pudiéramos entrar en Su Reino. Si Él perdonó tanto, ¿por qué nos cuesta tanto perdonar?
En una relación, el perdón es esencial. Quien no perdona vive recordando errores, generando cansancio, resentimiento y odio que destruyen la convivencia. Incluso si alguien recibió el peor trato o una infidelidad, Jesús entiende ese dolor, pues Él sufrió injustamente. Aun así, nos enseñó a perdonar, porque el perdón trae paz y permite construir un futuro mejor.
Si no se perdona, el resentimiento del pasado afectará incluso otras relaciones. Por eso, sanar mediante el perdón es la mejor manera de seguir adelante.
El Espíritu Santo
También se destacó que, cuando alguien decide obedecer a Dios y entregar su vida a Su voluntad, Él envía al Espíritu Santo para llenar el interior y ayudar en cada área; y así como fortaleció a Jesús en la cruz, también puede transformar nuestro interior.
Los cambios reales no son inmediatos; requieren sacrificio, obediencia y la guía divina. El Espíritu Santo puede reconciliar diferencias en la pareja, ayudarte a vencer el ego, sanar heridas internas y construir relaciones sanas y fuertes, sin importar tu situación actual.
Todo comienza por uno mismo. No se trata de mirar los errores de la pareja, sino de permitir que Dios trabaje en tu interior. No es debilidad dar el primer paso; debilidad es actuar por impulso. La práctica de la Palabra fortalece y da sabiduría. Cuando dejamos de confiar en nuestras fuerzas y miramos a la cruz, todo cambio se vuelve posible.
Asiste a la Terapia del Amor
Si quieres aprender más sobre estos temas, y de forma presencial, la Universal te espera en la Terapia del Amor, es totalmente gratuita y es para todo público que desea aprender a construir relaciones sanas, ya sea en pareja, en la familia o consigo mismo.
Lugar: Av. Revolución # 253, col. Tacubaya, CDMX.
Hora: Especialmente a las 7 p. m.
