No juegues con lo serio: todo tendrá un fin, menos el alma

Mientras el cuerpo envejece y muere, el alma permanece para siempre; e ignorar esta verdad trae consecuencias irreparables

El ser humano no es solo un cuerpo físico. Sin embargo, una realidad que muchos ignoran es que el cuerpo es materia: envejece, se enferma y muere. En cambio, el alma permanece para siempre y, aun así, es constantemente descuidada.

En el día a día, las personas sienten la necesidad de trabajar y conquistar beneficios físicos, ya sea para el cuerpo o para su propio bienestar, por medio de bienes materiales, comodidad y dinero. Sin embargo, pocas reflexionan que nada es más valioso e importante que la propia alma.

El hombre insensato

En la Biblia, el Señor Jesús habla sobre un hombre considerado insensato precisamente por priorizar las conquistas materiales en lugar de la salvación del alma. En el Evangelio de Lucas 12:19 y 20 está escrito:

«Y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes depositados para muchos años; descansa, come, bebe, diviértete. Pero Dios le dijo: ¡Necio! Esta misma noche te reclaman el alma; y ahora, ¿para quién será lo que has provisto?».

En la Biblia Fiel Comentada, el obispo Edir Macedo explica que ese versículo muestra a una persona insensata, que comete el error de pensar que tendrá tiempo suficiente para disfrutar todas las conquistas de esta vida. El hombre de la parábola estaba listo para vivir y divertirse, pero no estaba preparado para morir.

  • «Hay muchos semejantes a este hombre rico, que piensan que su fuerza, salud y futuro están bajo su control, por eso menosprecian la vida eterna. Sin embargo, al hacer planes para el futuro sin considerar la Palabra de Dios, sufren por no tener Su dirección».
  • «El cuerpo es perecedero, pero el alma vive eternamente. Quien desprecia esta realidad comete una locura irreparable contra sí mismo».
  • «Las Escrituras dejan claro que la responsabilidad de prepararse para la eternidad es de cada uno».

Reflexiona: el alma es eterna, ¡el cuerpo no!

En su meditación, el obispo Macedo también resalta que con la salvación del alma no se juega. Esto se debe a que, cuando la persona desprecia la vida espiritual e invierte solo en lo material, termina iniciando su propia caída.

«Muchos quieren el Reino de los Cielos, pero no quieren renunciar a su propia voluntad, al ego, a las codicias. Quieren los dos reinos: el de Dios y el de este mundo. Pero no es posible dividirse cuando está en juego el destino del alma», comentó.

Por lo tanto, ante esta reflexión, se vuelve indispensable evaluar las prioridades. Al fin y al cabo, tarde o temprano, cada persona tendrá que rendir cuentas de su propia alma; y esa decisión no puede postergarse.

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