Durante el estudio bíblico del pasado miércoles 29 de julio, en la Universal, el obispo Franklin Sanches explicó que «a quien mucho se le da, mucho se le exige». Relacionó esta enseñanza con las responsabilidades del primogénito, quien representaba al padre en su ausencia.
En los tiempos bíblicos, el primogénito tenía autoridad sobre sus hermanos y daba continuidad al linaje de su padre. A partir de este ejemplo, el obispo habló sobre la responsabilidad de quienes pertenecen a la Iglesia de los Primogénitos: cuidar a la familia de Dios y luchar por sus hermanos en la fe, como enseñaron los apóstoles Juan y Pablo.
Asimismo, destacó la importancia de que pastores, obispos y obreros actúen de manera coherente con la responsabilidad espiritual que recibieron, a fin de valorar su primogenitura y honrar el Nombre del Padre. Añadió que asumir esta posición también implica actuar con la autoridad de la Palabra de Jesús.
Explicó que algunas personas avanzan porque tienen una conciencia responsable, mientras que otras se rinden ante el diablo e impiden que Dios realice Su obra en ellas. También habló de la importancia de reconocer a Dios como Padre y honrarlo. Mientras la persona no comprenda esta relación, continuará condicionada por lo que establece el sistema; pero, al entenderla y seguir al Señor, podrá vivir en libertad.
Como ejemplos de quienes no valoraron su primogenitura, mencionó a Rubén, primogénito de Jacob, quien deshonró a su padre, y a Esaú, hijo mayor de Isaac y hermano gemelo de Jacob, quien cambió la primogenitura por un plato de comida. Con ambos casos mostró las consecuencias de dejar de lado dicha responsabilidad.
A continuación, leyó Romanos 8:15-16:
«Pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud para volver otra vez al temor, sino que habéis recibido un espíritu de adopción como hijos, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios».
A partir del pasaje, explicó que es necesario recibir el Espíritu de Dios para reconocerlo como Padre y vivir como uno de Sus hijos. También mencionó que algunas personas, después de haberse alejado, se arrepienten y regresan a Él.
Posteriormente, se refirió a lo ocurrido en el monte Sinaí. Ante las manifestaciones presenciadas en aquel lugar, el pueblo sintió temor y pidió que Moisés actuara como intermediario. En contraste, leyó lo escrito en Hebreos 12:22-24:
«Vosotros, en cambio, os habéis acercado al monte Sión y a la ciudad del Dios vivo, la Jerusalén celestial, y a miríadas de ángeles, a la asamblea general e iglesia de los primogénitos que están inscritos en los cielos, y a Dios, el Juez de todos, y a los espíritus de los justos hechos ya perfectos, y a Jesús, el mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la sangre de Abel».
Al explicar este pasaje, indicó que Jesús es el mediador del nuevo pacto. A diferencia de la sangre de Abel, que clamaba por justicia, la sangre de Jesús justifica a quienes creen en Él y les permite acercarse a Dios como Padre.
Para ilustrarlo, habló de la confianza con la que un hijo acude a sus padres cuando necesita algo. Aunque haya cometido errores, sabe que el amor de su padre y de su madre va más allá de su falta.
Asimismo, señaló que el monte Sinaí deja al descubierto la debilidad de la carne, mientras que el monte Sión representa el lugar en el que se debe permanecer para encontrar las respuestas de Dios. Describió Sión como un lugar donde se corrige el rumbo, se encuentra restauración y se recupera lo que estaba quebrantado. Por ello, resaltó la importancia de permanecer en el Altar cuando llegan las tempestades.
También exhortó a no luchar únicamente por las cosas perecederas, sino por las celestiales. Afirmó que nadie lleva ventaja y que cada persona debe actuar con responsabilidad, pues quienes forman parte de la Iglesia de los Primogénitos tienen sus nombres inscritos en los cielos.
Finalmente, el obispo Franklin advirtió que muchas veces se escucha la Palabra de Dios pensando que está dirigida a alguien más. Esta actitud impide reconocer y corregir los propios errores, lo que puede conducir al sufrimiento. No obstante, señaló que las dificultades también pueden anteceder a una gran victoria. Por ello, exhortó a dar gracias a Jesús en toda circunstancia y a valorar la posición de primogénitos concedida por el Padre.
