Monte Carmelo: el lugar de la definición

Monte Carmelo: el lugar de la definición

Por Social Media

La Biblia relata que el profeta Elías fue desafiado por 450 profetas quienes le decían que su dios, Baal, era mejor que el Dios de Israel. Esto fue causa de división en el pensamiento del pueblo, pues comenzaron a creer que lo que tanto pregonaban los falsos profetas era cierto.

Ante esto, Elías no se quedó inmóvil, sino respondió lanzando otro desafío: “Invocad luego vosotros el nombre de vuestros dioses, y yo invocaré el nombre del Señor; y el Dios que respondiere por medio de fuego, ése sea Dios” (1 Reyes 18:24).

Tras presentar sus ofrendas, los profetas de Baal clamaron a su dios pidiéndole una respuesta, pero no obtenían resultado. Elías clamó: “Señor Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas. Respóndeme, Señor, respóndeme, para que conozca este pueblo, que tu oh Señor, eres el Dios, y que tú vuelves a ti el corazón de ellos. Entonces cayó fuego del Señor, y consumió el holocausto…” (1 Reyes 18:36).

Así quedó comprobado que el Dios de Elías era real y el pueblo que estaba en duda también Lo reconoció y Lo siguió. “¿Cómo se procesa el milagro? Dios habla, yo obedezco y listo. Así es como funciona el milagro, así es como sucede en la Iglesia Universal del Reino de Dios. Nosotros tenemos que tener participación, no sirve que yo crea en Dios si yo no creo en mí mismo. No sirve orar y esperar con los brazos cruzados a que Dios cambie su situación”, explica el obispo Edir Macedo.

Cabe decir que en la cima de ese mismo monte, ese mismo profeta pidió lluvia y los torrentes descendieron del cielo, trayendo un tiempo de restauración y abundancia para toda la nación. Eso mismo sucede en la vida de quien cree y hace un voto de fe con el Dios del Monte Carmelo.

 

“Recibí el Espíritu Santo en una Hoguera Santa y eso cambió el rumbo de mi vida”

 

Tuve una infancia donde no me faltó nada, pero cuando cumplí 12 años, mi madre perdió esa estabilidad económica y nos fue muy mal: llegamos al punto de hurgar en la basura para buscar comida o robar tortillas duras que los vecinos dejaban. Aun así, nos quedábamos con hambre…

Al vernos así, una tía nos invitó a la Universal y accedimos a ir. Al inicio, fue muy bueno porque, a pesar de que los cambios surgieron poco a poco, la vida nos empezaba a pintar diferente; pero nuestra fe se enfrió y nos alejamos de Dios, eso hizo que nos fuera peor: me hundí en el alcoholismo y en las drogas. Como me acaba mi dinero en el vicio, me metía con señoras para conseguirlo. 

Mi hermana fue la primera que decidió volver a la Universal y al poco tiempo, la acompañé. Esta vez, tomé las cosas de Dios en serio 

y solo así, tras un proceso, pude liberarme de los vicios. Cuando llegó la Hoguera Santa, hice un verdadero voto de fe para definir mi historia y Él a cambio me dio Su Espíritu Santo.

Este hecho cambió mi carácter, ya no me guío por los sentimientos, sino por la fe. Esto repercutió en mi economía, pues fui progresando hasta convertirme en el Director Administrativo de una empresa y establecer una propia. Además, tengo una flotilla de transporte público, he viajado a diferentes lados y lo mejor de todo es que le soy fiel a mi futura esposa y a Dios”, Enrique Pallares.

 

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