El Día Interamericano de la Calidad del Aire (DIAIRE) se celebra cada segundo viernes del mes de agosto, con la finalidad de crear conciencia sobre la contaminación y proteger la salud pública. Sin embargo, en México no existe mucho que conmemorar.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la contaminación atmosférica continúa siendo uno de los principales riesgos ambientales para la salud. En México, zonas metropolitanas como el Valle de México, Guadalajara y Monterrey registran periódicamente concentraciones elevadas de partículas contaminantes y ozono, factores asociados con enfermedades respiratorias y cardiovasculares.
La contaminación del aire en el Valle de México puede enfermar a sus habitantes. No se trata solamente de ojos irritados o tos pasajera; respirar en el centro del país implica un riesgo acumulativo que puede ocasionar desde dolores de cabeza persistentes hasta irritación laríngea, daño pulmonar severo e incluso depresión y ansiedad. La UNAM documentó que en los hogares hay una alta concentración de metales pesados.
El impacto económico también es considerable. Se estiman alrededor de 48 000 defunciones anuales en el país que son atribuibles a la contaminación del aire. El costo asociado asciende a casi 10 000 millones de pesos. Modelos de salud pública calculan que cumplir con los límites de PM2.5 recomendados por la OMS en el Valle de México, Guadalajara y Monterrey evitaría al menos 2170 muertes prematuras cada año.
En un cálculo más conservador, el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) estima que en nuestro país se registran más de 20 mil muertes prematuras anuales debido a la mala calidad del aire. De este total, cerca de 9600 decesos corresponden específicamente a la Zona Metropolitana del Valle de México.
Según datos de la OMS, la contaminación atmosférica genera cada año cerca de 6 millones de defunciones en el mundo; esto es que 9 de cada 10 personas ponen en riesgo su salud al estar expuestas a altas concentraciones de contaminación.
De acuerdo con UNICEF, cada año, la contaminación del aire cobra la vida de 600 000 niños menores de 5 años en el mundo, esta crisis no solo afecta a los humanos, sino que también envenena a millones de animales y plantas.
Se estima que el 99 % de la población mundial vive en lugares donde no se cumplen las directrices de la OMS sobre la calidad del aire. Asimismo, el 89 % de las muertes se produce en países de ingresos bajos y medios, donde las comunidades más vulnerables sufren una mayor exposición y cuentan con una menor protección.
Cuando hasta el aire se oscurezca, según la Biblia
El deterioro de la calidad del aire muestra hasta qué punto las acciones humanas pueden afectar la vida en el planeta. Sin embargo, la Biblia también advierte que, durante los acontecimientos finales, el aire será alcanzado:
«Y abrió el pozo del abismo, y subió humo del pozo como el humo de un gran horno; y el sol y el aire se oscurecieron por el humo del pozo» (Apocalipsis 9:2).
Esto no significa que cada contingencia ambiental sea, por sí misma, el cumplimiento de esta profecía. No obstante, el panorama actual recuerda que este mundo no permanecerá para siempre y que los acontecimientos anunciados en la Palabra de Dios se cumplirán.
Estas advertencias proféticas no deben provocar pánico, sino despertar la conciencia sobre la necesidad de arrepentirse, obedecer a Dios, buscar al Espíritu Santo y cuidar la salvación. Tan necesario como proteger la vida física es preparar el alma para la eternidad, pues solo quienes permanezcan firmes estarán listos para el regreso del Señor Jesús.
