«Sufrí depresión desde muy joven; pasaba los días durmiendo para no enfrentar la realidad. Aunque estuviera rodeada de mi familia, me sentía completamente sola. La tristeza era tan profunda que varias veces pensé en quitarme la vida; incluso llegué a planearlo porque creía que no le hacía falta a nadie.
Todo comenzó con un intento de abuso por parte de alguien vinculado a mi escuela. Cuando lo conté en casa, no me creyeron, y ese dolor se quedó guardado en mí. Empecé a cuestionar mi existencia y hasta a Dios: “¿Por qué lo permitió?”. Me llené de inseguridades y complejos, y el vacío interior crecía.
Regresé a la Universal porque decidí darle a Dios una oportunidad. Entendí que no bastaba con sentirme bien por unos días si mi vida seguía vacía. Conforme a la Palabra, recibí la orientación de buscar el Espíritu Santo, porque solo Él podía llenar mi interior y evitar que volviera a caer en lo mismo.
Al abrir mi corazón, el Espíritu del Señor llenó ese vacío. Allí encontré al Padre que necesitaba en ese momento; descubrí mi verdadero valor y comprendí que mi vida tenía importancia para Él. Hoy la depresión quedó atrás y tengo la certeza de que solo Su presencia puede transformar y dar una nueva razón para vivir.» -Estrella Bautista
