«Me consideraba un estorbo»

«Desde niña era tímida, me hacían bullying por mi complexión, y durante mucho tiempo recordé las burlas de mis compañeros. Fui creciendo y al verme en el espejo me comparaba y me sentía horrible. Con el tiempo, los comentarios y pensamientos negativos me deprimieron: ya no disfrutaba ni a mi familia y me sentía un estorbo. Todo empeoró cuando mi papá falleció. Tuvimos que mudarnos de ciudad y ahí traté de sentirme bien yendo a fiestas con amigos, pero nada me daba paz.

Mi mamá ya me llevaba a la Universal y me hablaba de Dios, sin embargo, no creía; pensaba que era cosa de adultos mayores. Hasta que un día, cansada de todo, le dije a Dios: “Si de verdad existe la felicidad que dicen, yo la quiero”. Desde entonces empecé a buscarlo de verdad, a conocer Su Palabra y participar en las reuniones.

En el proceso desaparecieron las ganas de morir, los miedos y la tristeza. No obstante, el mayor cambio sucedió cuando recibí el Espíritu Santo. Al tener a Dios viviendo en mí, me enseñó a amarme y no depender de los comentarios negativos, sino de Su amor.» -Ximena Estrada

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