Los momentos…

Los momentos…

Por Departamento Web 2

Hay momentos en los que no tenemos nada que decirles a quienes están viviendo aflicciones terribles. No sabemos explicar el motivo de todos los dolores ni tenemos palabras capaces de estimular el confort que todos necesitan.

Quien dice tener todas las explicaciones, miente, pues nadie las tiene. Necesitamos confianza para creer que «todo coopera para bien», incluso, lo que tanto nos lastima.

Por ejemplo: ya vi a niños quedar completamente huérfanos. Inocentes, ellos no tenían conciencia de lo que significa un entierro para su vida.

También ya vi a padres destrozados emocionalmente enterrando a sus hijos.

Sí…

La obra de Dios nos puede hacer vivir, en un solo día, alegrías y tristezas, pues, en la misma fecha que nos alegramos por la celebración de un matrimonio, tendremos que animar a otra persona cuyo matrimonio fue deshecho por una deslealtad.

Somos testigos de alianzas que se hacen entre amigos y otras se rompen por los duros golpes de la traición. Aprendemos a dar gracias en una casa en luto, pero también en la casa en donde hay salud, sonrisas y abundancia. ¿Cómo tener explicación para todo eso en un solo día?

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No obstante, nosotros podemos ser tomados por sorpresa por ciertos acontecimientos y podemos no saber señalar las causas de eso. Pero nuestro Dios nunca fue ni será sorprendido por nada ni por nadie.

Él reina y nada huye de Su control. Por lo tanto, no debemos ser buenos en explicar todo, sino excelentes en llevar la fe que fortalece y levanta.

También necesitamos ser buenos en abrazar, escuchar, guardar silencio y llorar, si es necesario.

Vimos esto en la historia de un hombre íntegro que enterró en un solo día a diez hijos. Además de eso, él perdió todo su patrimonio y salud de un solo golpe.

Mientras los amigos de Job estuvieron en silencio con él, fueron sabios. Sin embargo, cuando empezaron a hablar de lo que no entendían, dejaron de ser amigos para ser acusadores.

¡Ah! Qué bueno es saber que la fe opera en el silencio, en la mirada, en la sonrisa o en un simple mensaje del teléfono…

Por lo tanto, yo desistí de esa presteza para explicar todo, para ser útil y hacer lo que la situación pide. ¿Y usted?

Por Núbia Siqueira

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