¿Los hombres no lloran?

¿Los hombres no lloran?

Por Departamento Web 2

El sentimentalismo nunca ayuda en nada. Sin embargo, es necesario saber descargar las tristezas y aflicciones de forma adecuada

Por generaciones y generaciones, siempre fue dicho que «los hombres no lloran». Y hasta es comprensible que ellos sean aconsejados para que no se rindan llorando por cualquier cosa. Sin embargo, son seres humanos también, están sujetos a decepciones y aflicciones y necesitan desahogarlas de la mejor forma.

Quienes dicen que los hombres no lloran están mal informados, incluso de la Biblia. El propio Señor Jesús lloró en por lo menos tres capítulos documentados en las Sagradas Escrituras. Al visitar una familia de amigos, el Mesías supo que uno de sus miembros, Lázaro, había muerto poco antes de ser informado por una de las hermanas del fallecido.

«María, cuando llegó a donde estaba Jesús, al verle, se postró a sus pies, diciéndole: Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano. Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió, y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Le dijeron: Señor, ven y ve. Jesús lloró. Dijeron entonces los judíos: Mirad cómo le amaba.» (Juan 11:32-36).

Jesús estuvo triste por la pérdida de alguien que estimaba. Sería extraño que Él fuera indiferente ante la muerte de alguien tan querido.

En otro pasaje bíblico, el Señor Jesús, al llegar a Jerusalén, lloró pensando en el destino de los que se entregaron al pecado y no tendrían acceso a la salvación si no se redimieran (lee Lucas 19:41-42). Por otro lado, en Hebreos 5:7, el Salvador, cerca del Supremo Sacrificio en la cruz, también sintió que su carne se expresaba: «Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente».

¿Qué mostraron esos tres episodios en común, además del hecho de que el Señor Jesús lloró? Que Él descargó su tristeza, pero siempre enfocado en el Altísimo y, en seguida, secó sus lágrimas y tomó medidas en relación a lo que le afligía.

Después de llorar por Lázaro, el Señor Jesús retomó la razón y resucitó a su amigo, para que todos ahí supieran quién era el Dios al que Él representaba. Al llorar por Jerusalén, mostró su conexión con la humanidad, entristeciéndose por el hecho de que muchos no estarían con Él en la eternidad. En el pasaje de Hebreos, Él mostró su dolor por el sacrificio; sin embargo, se acordó de la voluntad de su Padre y entregó, con hombría, su vida por amor a todos.

Como el Señor Jesús, es necesario recurrir a Dios y humillarse delante de Él. Esto no significa que el llanto lo volverá frágil o sensible, que gasta una caja de pañuelos viendo telenovelas románticas. El hombre llora, pero lo que hace la diferencia es lo que hace después: seca sus lágrimas y se dirige a tomar una actitud.

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