Los 9 frutos del Espíritu Santo

Los 9 frutos del Espíritu Santo

Por Departamento Web

¿Cuál es la importancia de cultivarlos con perseverancia en su vida?

Al final, ¿qué significan los frutos del Espíritu Santo? Sí, se oye mucho sobre Él, pero no siempre el que Lo busca piensa en lo se incluye en el «paquete». Pues bien, tener el propio Espíritu de Dios dentro de usted tiene consecuencias y requiere atención, cariño y cuidado. Vamos a explicar un poco más de esto.

«Todos nosotros sabemos que un fruto es el resultado final de lo que se siembra. Es muy importante destacar que, si alguien pretende cosechar un determinado fruto, necesita sembrar la semilla de ese fruto. Es claro que nadie puede querer cosechar bananas sembrando semillas de naranja y viceversa. Todo buen agricultor, antes de sembrar, escoge la buena semilla, la tierra apropiada y el tiempo determinado para sembrar, pues cada semilla tiene una época adecuada para ser sembrada y cosechada. La vida cristiana tampoco es muy diferente: existe el momento correcto de la siembra y también de la cosecha», dijo el obispo Edir Macedo.

El fragmento anterior se encuentra en el libro El Espíritu Santo, que trae varias consideraciones importantes. Muchos oyen del Espíritu Santo e incluso pueden desearlo de corazón, pero ¿lo buscan de la manera correcta? Mucha gente quiere un gran amor, por ejemplo, pero ¿quiere hacerse cargo de las responsabilidades que conlleva un matrimonio? ¿Quiere dedicarle tiempo, paciencia y exclusividad para mantenerlo? La mayoría quiere los resultados, pero no el esfuerzo para cosecharlos. Lo mismo se aplica a todo en la vida: dinero, hijos, poder, estatus, etc. Querer no es suficiente.

Lea también: ¿Quién es el Espíritu Santo?

En cuanto a este punto, el obispo afirma: «lo que normalmente ocurre es que las personas están más preocupadas por los dones y fascinaciones del Espíritu, que propiamente con el ejercicio constante de una vida que por sí sola refleje el carácter de Dios».

El apóstol Pablo cita claramente cuáles son los frutos del Espíritu Santo en Gálatas 5:22: «Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza».

Y el obispo Macedo prosigue: «Él sabía que los frutos eran nueve, pero, aun así, el Espíritu Santo quería que Pablo los registrara a todos como si fuera uno, para dejar en claro que no se pueden dividir, es decir, nadie puede producir, por ejemplo, el amor y omitir la alegría (gozo), porque todos ellos están interrelacionados y son indivisibles».

El obispo ejemplifica: «si alguien manifiesta la alegría y no demuestra amor en su vida, este no es un fruto del Espíritu. Tal vez provenga de las circunstancias del momento, es decir, una falsa alegría, porque la verdadera solo existe cuando es fruto del amor, que precede y acompaña todos los dones del Espíritu».

La esposa del obispo Macedo, Ester Bezerra, explica en el blog del obispo esos nueve frutos que conforman uno solo. Los tres primeros tienen la esencia de Dios, que son…

1. Amor: Representado por el Dios Padre.

2. Gozo: Representado por el Hijo Jesús.

3. Paz: Representando al Espíritu Santo.

«Estos tres frutos son recibidos automáticamente con el descenso del Espíritu Santo en nuestra vida. Es la Marca inmediata o el Sello de Dios sobre el que cree en Él», revela Ester Bezerra. Pero ella advierte: «Sin embargo, los otros seis – como seis es el número del hombre – se comprende que están relacionados con el comportamiento del ser humano. Se entiende también que están a nuestra disposición, sin embargo, es necesario cultivarlos con perseverancia. Sacrificio, realmente sacrificio. Pues exigen un esfuerzo muy grande y esmero de cada uno para adquirirlos», detalla.

4. Paciente: Ser paciente es esperar el tiempo necesario de la ejecución de su propia fe y de la de otros también. «… y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos» (Mateo 5:41).

5. Benigno: El benigno piensa con pureza, su presencia trae un ambiente liviano y sano, su semblante es feliz. «Apártate del mal, y haz el bien, y vivirás para siempre» (Salmos 37:27).

6. Bondadoso: Siente placer de entregarse a las personas, no mide esfuerzos. Quiere compartir todo lo que tiene, es capaz de tomar todo de sí mismo para dárselo a otro, característica propia de la Trinidad. «Abre su boca con sabiduría, y la ley de clemencia está en su lengua» (Proverbios 31:26).

7. Fidelidad/fe: Una persona fiel es de palabra y de respeto, no cambia. Si se equivocan con él, aun así permanece con su fidelidad incondicional. «El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto» (Lucas 16:10).

8. Mansedumbre: Quien la tiene, no es irascible, ni intolerante ni nervioso. Es muy comprensivo y sabe ponerse en el lugar del que está pasando por problemas. Tiene condición de ser líder a causa de su mansedumbre. «Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado» (Gálatas 6:1).

9. Dominio propio: Tener la capacidad de resistir sus voluntades carnales. Dominar sus ojos, oídos, manos y pies, su boca, y no juzgar mal.

Pensar y escoger lo que es mejor para sí mismo y para el prójimo que está pasando por problemas, siempre usando la fe inteligente. En Proverbios 16:32 consta que mejor es el que controla su ánimo que aquel que toma una ciudad.

«Contamos Nueve, pero que se vuelven Un fruto. Así como la Trinidad es Uno. El fruto nos es dado para que nos parezcamos a nuestro Padre Celestial. Perfecto es y quiere que seamos como Él. Y para eso, basta solo que creamos», finaliza Ester Bezerra.

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