«Lo que yo viví no se lo deseo a nadie»

«Lo que yo viví no se lo deseo a nadie»

Por Departamento Web 2

«Mi vida era un fracaso total, casi un infierno. Sufría de artritis reumatoide, por esa situación me sentía inútil y que mi vida no tenía sentido. Al acudir al médico me advirtieron que, si no tomaba mis medicamentos como estaba indicado, podía quedar en silla de ruedas. Por ese padecimiento mis manos estaban adoloridas todo el tiempo, sobre todo en épocas de frío. Mis articulaciones se inflamaron y me volví una persona inservible, no podía agarrar nada pesado o hacer las cosas a las que estaba acostumbrada en casa. Yo pienso que mi depresión se debía a la enfermedad.

En el ámbito económico estábamos muy mal, mi esposo tomaba mucho, gastaba parte del dinero en el vicio y no nos alcanzaba para cubrir los gastos. Por eso, siempre estaba desesperada por cubrir necesidades como la comida y necesidades de mis hijos. Si ellos no tenían leche, pedía prestado a mis hermanos. En ocasiones solo compraba masa para hacer unas tortas y comer, pues no había para más.

Nuestra casa era de tablones y al verla decía: “me gustaría tener una casa grande y bonita”, pero con todos los gastos no se podía. Mi matrimonio tampoco funcionaba y constantemente pensaba que la vida que estaba viviendo no era algo que alguien quisiera llevar. Además, todo el tiempo nos agredíamos como pareja y nos agarrábamos a golpes, era algo terrible. De hecho, en 2 ocasiones tomé el cuchillo para quitarme la vida, estaba cansada de siempre estar mendigando. Lo que viví no se lo deseo a nadie.

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Por medio de la televisión me enteré de que existía la Universal. Cuando llegué, escuché la Palabra de Dios y decidí empezar a obedecerla. También escuché hablar de la Hoguera Santa, participé entregando mi vida, mi corazón y mi alma en el Altar. Dije: “Señor, yo solo te necesito a ti, aquí tienes mi corazón”. Renuncié a los odios, rencores y a mi esposo lo perdoné de verdad, aunque había sido la persona que más daño me había hecho.

Entonces, cuando finalmente recibí el Espíritu Santo mi vida empezó a cambiar, las bendiciones comenzaron a llegar. Ya no estoy enferma, no tengo depresión, mi esposo ya no toma y me procura. Como pareja somos muy felices, no hay ofensas, estamos contentos, ya no hay rastro de la vida que llevábamos antes. El Espíritu Santo me ha dado sabiduría sobre cómo administrar mis 5 negocios de tiendas de abarrotes. Tengo una estética, 2 casas, un coche y una camioneta, lo que jamás pensé llegar a tener. Mi esposo y yo estamos muy unidos y somos una familia. Para mí el Espíritu de Dios es primordial, lo mejor que me pudo pasar, sin Él no soy nada. Tengo un gozo en el alma que quisiera compartir con otros.» -Isabel Zapata

Hoguera Santa de la Diferencia

Así como ocurrió con Isabel, tu vida también puede ser transformada por medio del Espíritu Santo y la obediencia. Una oportunidad para cambiar de vida es la Hoguera Santa de la Diferencia, ¡aún estás a tiempo de participar!

Todas las peticiones serán llevadas al Altar del Templo de Salomón, el único lugar cuyo arquitecto es el propio Dios. Para saber cómo participar, acércate a la Universal más cercana a tu domicilio.

Importante: Nuevos horarios de domingo

  • encuentro de
    «Quien ama, cuida»: un encuentro de la FTU, la FJU y la EBI

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