Lo que temía me sobrevino

Lo que temía me sobrevino

Por Social Media

Job era un hombre justo a los ojos de Dios, como está descrito en Job 1:8: «Y el SEÑOR le preguntó a Satanás:
—¿No te has fijado en mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra: un hombre íntegro y recto, temeroso de Dios y apartado del mal?»
.

Sin embargo, a pesar de sus cualidades y su carácter, reconocidos por el propio Altísimo, Job tenía miedo. Él temía perder lo que poseía.

«El miedo que presentía me ha sobrevenido», confiesa él en el capítulo 3, versículo 25.

El miedo acomete a las personas que no viven por la fe —no una fe religiosa, sentimental, sino la certeza de que Dios hará todo lo que promete. Quien da esa convicción es el Espíritu Santo. Cuando la persona Lo tiene, venga lo que venga —tempestades, dificultades, tribulaciones, no importa —, su esperanza está en Él.

El problema es que, cuando se habla de fe, las personas de inmediato la asocian a la religiosidad y no a la confianza plena de que Dios está con ella. El caso de Job ilustra cómo las personas pueden engañarse por esa fe religiosa. Porque todos los atributos positivos de Job, hasta su temor a Dios, no le quitaron el miedo porque él no Lo conocía de verdad. Nunca había tenido una experiencia real con Él.

Mientras la persona no conoce a Dios, recibe el bautismo con el Espíritu Santo, no importa cuánto ella se esfuerce para ser recta, temerosa y se desvíe del mal, ella no posee la fe convencida de que Dios está con ella.

Obispo Edir Macedo

  • Sodoma y Gomorra
    Una vez más, la evidencia científica comprueba la veracidad bíblica

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