¿Lo conoces de verdad?

Durante el Santo Culto del domingo 15 de marzo, el obispo Franklin Sanches enseñó que estar en la iglesia no nos hace inmunes a los momentos difíciles de la vida. «Todos estamos propensos a enfrentar esas situaciones, la diferencia es que, cuando confiamos en Su Palabra, en lo que Dios dice, eso nos hace vencer», comentó.

Asimismo, explicó que el tema no es que vengan los problemas, sino cómo reaccionamos frente a ellos; ahí es donde uno se da cuenta si conoce al Señor Jesús de hecho y de verdad, o solo está yendo a la iglesia.

Normalmente las personas religiosas, cuando enfrentan situaciones difíciles, comienzan a cuestionarse: «¿Por qué?» o «¿Dónde está Dios?». Sin embargo, quien realmente conoce a Dios actúa diferente, porque sabe en quién cree. «Mientras no tenga esa experiencia real, la persona puede titubear y caer», agregó.

Una enorme diferencia

«Y había unos griegos entre los que subían a adorar en la fiesta; estos, pues, fueron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le rogaban, diciendo: Señor, queremos ver a Jesús» (Juan 12:20-21).

Ellos no fueron con la idea de querer conocer a Jesús, sino verlo. «Los griegos eran los sabios, los estudiosos y conocedores […]. Ellos traían muchos conocimientos, siempre procurando tener respuestas para sus interrogantes». Cuando escucharon hablar de Jesús, sabían que era alguien superior a todo lo que habían visto o escuchado. Y todo da a entender que querían ver si lo que Él decía estaba en el mismo nivel de sus conocimientos.

De acuerdo con el obispo, hay una gran diferencia entre estos hombres y otro que usó una expresión semejante:

«Y un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de los recaudadores de impuestos y era rico, trataba de ver quién era Jesús; pero no podía a causa de la multitud, ya que él era de pequeña estatura. Y corriendo delante, se subió a un sicómoro para verle, porque Jesús estaba a punto de pasar por allí. Cuando Jesús llegó al lugar, miró hacia arriba y le dijo: Zaqueo, date prisa y desciende, porque hoy debo quedarme en tu casa» (Lucas 19:2-5).

Zaqueo no solo quería verlo, sino saber quién era Jesús. Aunque era rico, no le pagó a un sirviente para que fuera a buscarlo por él; en lugar de eso, dejó su orgullo, se negó a sí mismo e hizo lo necesario. Y así como Zaqueo, «quien quiere conocerlo tiene que pagar el precio», explicó el obispo.

Por otra parte, los griegos querían que alguien cercano a Jesús les abriera la puerta. Asimismo, hay personas que, aunque acuden a la iglesia, se sienten superiores a los demás por su título o conocimientos. No obstante, para el Señor Jesús lo que importa es la entrega.

Es necesario despojarse

Cuando los discípulos le dijeron a Jesús que los hombres griegos lo querían conocer, Él respondió: «Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado. En verdad, en verdad os digo que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, se queda solo; pero si muere, produce mucho fruto» (Juan 12:23-24).

Es decir, quien quiera conocerlo, tiene que dejar a un lado sus ideas, su propia inteligencia. Es como si Él dijera: «Si la persona me quiere conocer, tiene que entender que todo lo que ella sabe no vale nada; sus conocimientos pueden servir para este mundo, pero no para Mí».

Incluso, el obispo Franklin enseñó que «yo no puedo acercarme a Jesús y decirle: “Señor yo soy alguien importante […], yo soy buena persona, no le hago el mal a nadie; soy buen marido, casi un santo”, pero esa persona no puede conocer a Jesús porque su orgullo no cabe dentro de ella».

Ante Él, ser religioso no funciona

«El que ama su vida la pierde; y el que aborrece su vida en este mundo, la conservará para vida eterna. Si alguno Me sirve, que Me siga; y donde Yo estoy, allí también estará Mi servidor; si alguno Me sirve, el Padre lo honrará» (Juan 12:25-26).

Para conocer a Jesús tengo que ser como Zaqueo, que estaba perdido, pero fue sincero y se arrepintió. Por eso subió al árbol y se humilló; él mismo decidió devolver lo que había robado: «Y Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes daré a los pobres, y si en algo he defraudado a alguno, se lo restituiré cuadruplicado. Y Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa» (Lucas 19:8-9).

A los griegos, Jesús les dijo: «Tienen que morir, bajarse del pedestal», pero con Zaqueo no fue necesario. «Usted también puede conocer a Jesús y tener esa fe sólida, la fe que viene de una relación con Dios. Cuando uno conoce a Jesús, sabe en quién cree; es normal que vaya a sentir dolor, angustia o preocupación, pero no se desespera», explicó.

Cuando uno se arrepiente de sus pecados, como Zaqueo, toma decisiones. Si vive en el error, va a tener que cortarlos desde la raíz. Y el Espíritu Santo desciende sobre quien realmente cambia: «Él sabe que no voy a tener la fuerza suficiente para sustentar mi decisión, necesito de Él, que viene a socorrerme para que haga lo que es necesario», finalizó.

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