Llegando al final de la carrera

Llegando al final de la carrera

Por Departamento Web

Por Núbia Siqueira

Al meditar en los enredos de la muerte de Juan el Bautista, desde el primer momento, parece difícil entender por qué la cabeza de uno de los mayores profetas fue servida en un plato como premio de una lujuria de un rey enfermo, ¿no es así?

Juan fue un siervo fiel, cumpliendo cabalmente la misión que Dios le había designado para ser el precursor de Su Hijo, ante esto, parece injusto que haya tenido un final así.

En el mismo día en que el impío Herodes, disfruta un banquete rodeado de deseos inicuos para celebrar su aniversario, es también el día en que se decreta la muerte de Juan.

El gran contraste entre los dos no sucedió solo en este día, sino durante toda la vida. El profeta era valiente, temeroso y fiel a Dios, mientras que Herodes era cobarde, irreverente y corrupto. Pero, el contraste de conducta y espiritualidad entre los dos no se denotaba en justicia visible, porque vemos al perverso Herodes reinar pomposamente, con ricos trajes, mientras que el siervo de Dios vivía en el desierto, con un vestuario simple, hasta ser llevado como prisionero a la cárcel.

Muchas preguntas también merodean en la mente de las personas que viven la fe, pues, algunas veces, ellas ven a los justos presos a los dolores de las injusticias, mientras que las personas infieles gozan el bienestar y la aparente felicidad.

No obstante, esa diferencia desfavorable en el campo externo es eliminada completamente cuando analizamos con ojos espirituales.

Yo pienso que, así como fue dicho por Salomé: “¡Quiero la cabeza de Juan el Bautista!”, para callar su voz —porque su mensaje incomodaba—, los siervos genuinamente fieles no pasan inmunes a las luchas en este mundo, justamente porque su fidelidad causa enojo e incomodidad en los hijos de las tinieblas. Siempre habrá quien se beneficiará con la Palabra que el siervo de Dios anuncia y, por eso, valora su trabajo. Pero, también habrá muchos que desearán callarlo a cualquier costo, a causa de la envidia que sienten de él. Por eso, sus cabezas continúan teniendo precio todos los días.

En muchas situaciones, Dios lo librará, pero en otras, permitirá el sufrimiento. Esto sucede porque el SEÑOR tiene mayor honra en el Cielo para Sus hijos.

El Altísimo tiene designios que aún son misteriosos para nosotros. Entonces, en lugar de inquietarnos con los porqués, debemos creer en los secretos que Dios aún no nos reveló. Hay tesoros y riquezas espirituales reservados para nosotros.

Por lo tanto, no hay que temerle a las incomprensiones e injusticias de este mundo. Por detrás del dolor que producen, hay una gloria indescriptible, que ningún hombre le puede dar.

Entonces, si hoy usted se encuentra preso en la fortaleza de algún libertino Herodes, ¡no tema! Jamás ceda ante los cuchicheos del diablo, diciendo que el Señor se olvidó de usted; tampoco se decepcione por los falsos amigos, ni mucho menos permita que la incredulidad le robe sus fuerzas.

A lo largo de la caminata con Dios, aprendí que cuando parece que estamos solos, despreciados o abandonados por todos, estamos protegidos y seguros en los Brazos más tiernos y poderosos del Universo. Y lo mejor de servir a Dios siempre viene al final de la jornada, por eso, necesitamos llegar allá.

  • la meta
    Deshágase de la carga para llegar a la meta

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