Librarse de la vanidad

«Aparta mis ojos de mirar la vanidad, y vivifícame en Tus caminos. Confirma a Tu siervo Tu palabra, que inspira reverencia por Ti» (Salmos 119:37-38).

Se sabe que la vanidad es un deseo carnal, y todos tienen esa tendencia; también se sabe que el justo debe vivir en el Espíritu, para que la carne y sus voluntades no prevalezcan. La meditación en Su Palabra produce una paz tan grande que confirma en nosotros el placer de Dios al ver a Sus hijos con temor en el corazón y en reverencia a su Señor.

Ester Bezerra

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