«No tengas envidia de los malvados, ni desees estar con ellos; porque su corazón trama violencia, y sus labios hablan de hacer mal.» (Proverbios 24:1-2)
Si Dios llena el corazón del justo con las riquezas de la alegría y de la paz, ¿por qué mirar la vida de los malvados y envidiar lo que tienen?
Pues, en el interior de esos injustos solo hay blasfemia y, en sus labios, palabras maliciosas. Huye de su compañía para guardar tu alma, que es preciosísima para Dios.
