Lecciones que podemos sacar del diluvio

Lecciones que podemos sacar del diluvio

Por Departamento Web 2

Noé avisó lo que sucedería, el diluvio vino sobre la Tierra y extinguió a todo ser vivo, excepto a su familia, por ejemplo: su esposa, hijos y nueras, incluso salvó a una pareja de cada especie de animales, como el Señor había determinado.

Sin embargo, antes de que Dios cerrara la puerta del arca y la lluvia comenzara a caer, todos los habitantes de la ciudad de Enoc, durante años, despreciaron y se burlaron de Noé y de su familia. Pues, para ellos, Noé no pasaba de un lunático que había perdido toda su juventud construyendo un arca que no serviría para nada. Ya que, para ellos, el diluvio jamás iba a suceder.

A final de cuentas, había pasado mucho tiempo desde que él comenzó la construcción del arca y hasta ese momento no había nada de diluvio… Por lo tanto, los demás continuaban viviendo sin reglas, pudores o cualquier tipo de respeto a Dios y a sí mismos. Poco sabían que la demora en el cumplimiento de la profecía era Dios, en su infinita misericordia, dándoles tiempo para arrepentirse de sus malos caminos, lo cual no pasó.

Hasta que el gran día llegó y la profecía se cumplió.

Solo entonces, se dieron cuenta de que durante todos aquellos años, todos los días, ellos tuvieron la oportunidad de ser salvos. Pero la despreciaron, prefiriendo satisfacer sus deseos carnales sin límites. Ahora estaban determinados a subir en el arca a cualquier precio, pero ya era demasiado tarde.

No sirvió de nada llorar, desesperarse, gritar, implorar. Las oportunidades se habían agotado.

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Y así como fue en los días de Noé, sucederá cuando el Señor Jesús regrese.

El propio Señor Jesús nos alertó con respecto a Su venida:

«Porque como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. Pues así como en aquellos días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dándose en matrimonio, hasta el día en que entró Noé en el arca, y no comprendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos; así será la venida del Hijo del Hombre.» (Mateo 24:37-39).

Y, hoy, así como aquellos habitantes de Enoc, más que nunca la humanidad anhela la «libertad» en todos los aspectos. Pelean por todo y se consideran dueños de sí mismos y de su propia vida. Por lo tanto, quieren vivir a su antojo, ajenos a todo lo que concierne a Dios. El lema del momento es «mi cuerpo, mis reglas».

Incluso hay quienes titubean entre la fe y el mundo. Un momento creen, luego no creen. Creen que no hay nada de malo, que incluso tendrán mucho tiempo para aprovechar un poco la vida, antes de la llegada del «diluvio».

¡Cuidado! Recuerda que el Señor Jesús dijo:

«Por tanto, velad, porque no sabéis en qué día vuestro Señor viene. Pero comprended esto: si el dueño de la casa hubiera sabido a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, hubiera estado alerta y no hubiera permitido que entrara en su casa. Por eso, también vosotros estad preparados, porque a la hora que no pensáis vendrá el Hijo del Hombre.» (Mateo 24:42-44)

Hoy, el arca es el Señor Jesús. ¿Qué eliges tú? ¿Entrar al arca, es decir, entregarle tu vida a Él, o divertirte un poco más? Pero, no lo olvides: por lo mientras, la puerta del arca aún esté abierta, pero en cualquier momento se puede cerrar. Piensa en esto.

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