Mantener una vida espiritual en orden exige comprender el verdadero propósito de la fe. Para muchas personas, la vida cristiana se reduce a la búsqueda de conquistas materiales: prosperidad, salud, liberación, el bienestar de su familia o bienes terrenales. Si bien Dios provee bendiciones en todas las áreas, Dios dio la fe para alcanzar la salvación, pero para que esto se logre necesitamos cuidarla. Ese fue el tema de la última Reunión Mensual de Obreros celebrada este domingo 5 de julio.
El apóstol Pablo, al término de su jornada espiritual en esta tierra, reveló el secreto para culminar sus días firme y con un espíritu renovado: «He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe». Para quien sirve a Dios en la actualidad, el desafío es el mismo, por ello, en este encuentro se habló de las 3 cosas que nos apartan de Dios.
1. El Pecado Oculto y la Iniquidad
El pecado es el primer obstáculo que separa al ser humano del Creador. Es imposible guardar la fe viviendo una vida en la desobediencia. Por ello, durante el encuentro se estableció una distinción crucial entre el error involuntario y la iniquidad; esta última representa aquel pecado que es programado, premeditado, planeado y ejecutado en el anonimato.
Dios conoce a los Suyos, pero el diablo también reconoce a quien vive en la práctica del pecado. No se puede ser un siervo aprobado si hay una doble vida.
«Lava de maldad tu corazón, Jerusalén, para que seas salvada. ¿Hasta cuándo morarán dentro de ti pensamientos perversos?» (Jeremías 4:14)
«Si no hubiera confesado el pecado de mi corazón, mi Señor no me habría escuchado» (Salmos 66:18)
2. La Malicia
Este pecado se introduce de forma sutil a través de malas conversaciones y de la pérdida o falta de madurez espiritual. La Palabra exhorta en 1 Corintios 14:20 a que los siervos deben ser niños para la malicia, pero maduros en su capacidad de discernimiento.
La inmadurez se manifiesta en la propensión a magnificar ofensas menores, participar en murmuraciones o desarrollar malos ojos ante las decisiones que se toman por el bien de la obra. Quien alberga resentimiento o desconfianza destruye su propia autoridad espiritual. Asimismo, la pureza en las intenciones es indispensable; las ofrendas y los sacrificios no representan simples transacciones financieras, sino el reflejo directo de la relación y la cercanía del alma con Dios.
3. El Conocimiento Inútil y las Controversias Necias
La tercera vía de alejamiento es la acumulación de saberes fútiles que únicamente alimentan el ego, la vanidad intelectual y desvían la atención de la práctica de la fe. La búsqueda de teologías estériles, el consumo de fuentes contrarias al espíritu de la obra y las conjeturas sobre misterios irrelevantes (como intentar adivinar la identidad del anticristo o debatir enigmas sin relevancia espiritual) debilitan la comunión con Dios.
De igual manera en Tito 3:9 se insta a los siervos de Dios a evitar las controversias necias, genealogías y contiendas sobre la ley, por cuanto son calificadas como sin provecho y sin valor. Más allá de la erudición, el valor real radica en los frutos visibles del Espíritu y en la obediencia diaria a la Palabra, guardando nuestra salvación para el día que partamos de este mundo.
Antes que un título, es mejor ser salvo
Para quien sirve a Dios, los problemas externos de cualquier índole no pueden ser como distractores ni motivo de abandono de la fe, ya que, de lo contrario mostrarían la verdadera raíz de las crisis: el abandono del Altar y el descuido de su condición espiritual.
Dado que ningún ser humano posee el control sobre el día de su muerte, la reunión concluyó con una exhortación solemne a ser sinceros. Aquellos que están viviendo en el pecado, debilitados por la malicia o confundidos por ideas o filosofías, antes que perderse definitivamente, fueron invitados a resolver su situación ante Dios, priorizando la pureza del corazón como garantía de la vida eterna, pues «es mejor ser un miembro salvo que un pastor u obrero perdido.
