La principal bendición del Padre

La principal bendición del Padre

Por Departamento Web 2

Antiguamente, los hijos sabían el valor de la bendición de su padre. Porque eso definía su futuro. Antes de morir, él les transfería la bendición a sus hijos para que pudieran gozar de lo mismo. Pero, de acuerdo con lo que explicó el obispo Franklin Sanches durante el Santo Culto del pasado domingo 9 de mayo, hoy, las nuevas generaciones no valoran la bendición de sus padres. Lo más grave es que no aprecian, sobre todo, la bendición de Dios.

La Biblia cuenta la historia de 2 hermanos: Esaú y Jacob. El primero era cazador, impulsivo, fuerte y hábil; el segundo, era un pastor de ovejas y muy tranquilo. El problema era que, al creer que tenía más capacidad, Esaú despreció la bendición de su padre, Isaac.

Tomando este ejemplo, el obispo Franklin explicó que así sucede con muchas personas en la actualidad con relación a Dios: «Piensan que no necesitan la bendición del Padre porque estudiaron, se prepararon y son trabajadoras. Creen que no requieren ir a la Iglesia y desprecian la comunión con Él. Pero, eso ha sido el motivo de fracaso de muchos».

Mientras Esaú cometió el error de despreciar la bendición, Jacob comprendió su valor. Por eso, a pesar de que él no era audaz ni fuerte como su hermano, luchó para obtenerla. «Cuando usted entiende cuán importante es tener una comunión con Jesús, la bendición del Padre en usted, no descansará hasta conseguirla, porque sabe que su futuro y el de su familia dependen de esa bendición», agregó el obispo.

La bendición que recibió Jacob de su padre Isaac, fue la que recibió de Abraham y, a su vez, fue la que este último recibió del propio Dios. Y dicha bendición llegó a nuestros días:

«Cristo nos redimió de la maldición de la ley, habiéndose hecho maldición por nosotros (porque escrito está: Maldito todo el que cuelga de un madero), a fin de que en Cristo Jesús la bendición de Abraham viniera a los gentiles, para que recibiéramos la promesa del Espíritu mediante la fe.» (Gálatas 3:13-14).

«Es decir, aquella bendición que Abraham tuvo llega hoy a nosotros a través del Señor Jesucristo cuando recibimos el Espíritu Santo. Si comprende la importancia del Espíritu de Dios en su vida, luchará por eso, porque sabe que estando dentro de usted llegará a donde quiere, porque Él le da esa capacidad», explicó el obispo.

«[Quizá] hoy su familia le pudo haber abandonado, perdió su trabajo o está viviendo un infierno. No importa cómo esté: puede no tener nada y estar completamente solo, a veces Dios permite que suframos para que entendamos cuánto lo necesitamos. Cuando disfrutamos de las cosas buenas, Lo hacemos a un lado; pero cuando tocamos fondo, entendemos que necesitamos a Dios», añadió.

El obispo destacó que Dios no solo quiere estar a su lado, sino dentro de usted. Y Su presencia le guiará mostrándole el camino para vencer. Pero ¿qué se necesita para ser la propia bendición?

«Solo una cosa: entregar toda su vida, reconocer que sin Jesús usted no es nada. Tome hoy la decisión de buscarlo con todo su corazón, de hacer de Él el primero en su vida. Es entrega total, no hay medio término, con Dios es todo o nada. Cuando usted lo hace, el Espíritu Santo empieza a trabajar a su favor», finalizó el obispo.

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