La Palabra es la misma, el resultado no

La Palabra es la misma, el resultado no

Por Departamento Web 2

Todo lo que se realiza durante el culto es importante, las oraciones, los propósitos, etcétera. Pero nada es más importante que escuchar la Palabra de Dios. «Esta Palabra es la que nos da vida y despierta nuestra fe», explicó el obispo Franklin durante el Santo Culto del pasado domingo 10 de octubre.

Hay palabras que dan vida, y otras, muerte. Por ejemplo, la palabra de satanás provoca duda, miedo, inseguridad y temor. En cambio, la Palabra de Dios da fortaleza, fe y nos hace mirar hacia adelante. «Es por eso que satanás trata de hacer cualquier cosa para que la persona no ponga atención a lo que será dicho, porque sabe que la Palabra de Dios es una semilla», comentó.

«Ese mismo día salió Jesús de la casa y se sentó a la orilla del mar. Y se congregaron junto a Él grandes multitudes, por lo que subió a una barca y se sentó; y toda la multitud estaba de pie en la playa. Y les habló muchas cosas en parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar; y al sembrar, parte de la semilla cayó junto al camino, y vinieron las aves y se la comieron. Otra parte cayó en pedregales donde no tenía mucha tierra; y enseguida brotó porque no tenía profundidad de tierra; pero cuando salió el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. Otra parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron y la ahogaron. Y otra parte cayó en tierra buena y dio fruto, algunas semillas a ciento por uno, otras a sesenta y otras a treinta. El que tiene oídos, que oiga» (Mateo 13:1-9).

«Hay diferentes tipos de personas en la iglesia: quienes son extremadamente bendecidas, las que son bendecidas, otras que son poco bendecidas y están las que no son bendecidas para nada», explicó el obispo. ¿Por qué ocurre esto? Jesús es justo, Él les da a todas las personas la misma Palabra. La diferencia está en cómo uno reacciona y actúa delante de ella. «Así que, cuando venga a la iglesia no se preocupe solo con recibir una oración, pues el diablo no está preocupado por quienes oran, sino por quienes oyen y obedecen la Palabra del Señor». Él dijo que «…y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Juan 8:32). Conocerla es leerla, entenderla y practicarla.

«Vosotros, pues, escuchad la parábola del sembrador. A todo el que oye la palabra del reino y no la entiende, el maligno viene y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es aquel en quien se sembró la semilla junto al camino» (Mateo 13:18-19).

«¿Cuándo un sembrador deja caer la semilla fuera del lugar correcto?», preguntó el obispo. Una de las armas del diablo para no permitir que la semilla caiga en el corazón es la distracción. El diablo ocupa el tiempo de las personas para que ellas no escuchen a Dios. Por ejemplo, hay quienes se distraen con las notificaciones o llamadas al celular durante la reunión o quienes se distraen platicando. Entonces, la semilla cae fuera del camino porque la persona tiene otras preocupaciones.

«Y aquel en quien se sembró la semilla en pedregales, este es el que oye la palabra y enseguida la recibe con gozo; pero no tiene raíz profunda en sí mismo, sino que solo es temporal, y cuando por causa de la palabra viene la aflicción o la persecución, enseguida tropieza y cae» (Mateo 13:20-21). Este es el grupo de los que escuchan la Palabra y la toman entusiasmados, pero que finalmente no se entregan a Él de verdad. Les gusta la Palabra cuando se habla de conquistas y bendiciones, pero al momento de las angustias y persecuciones se pierden, porque tienen poca raíz.

«Y aquel en quien se sembró la semilla entre espinos, este es el que oye la palabra, mas las preocupaciones del mundo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se queda sin fruto» (Mateo 13:22). Estos son quienes por la fe ya conquistaron, pero después abandonaron a Jesús por el dinero. «No es pecado prosperar. Dios quiere que usted viva dignamente, el problema es cuando el corazón de una persona está en la riqueza», continuó. «La semilla se sofoca y muere».

«Pero aquel en quien se sembró la semilla en tierra buena, este es el que oye la palabra y la entiende, este sí da fruto y produce, uno a ciento, otro a sesenta y otro a treinta» (Mateo 13:23). Esta es la persona que sí pone toda su atención. Todo aquel que oye y entiende da fruto. «Su vida va a producir frutos si escucha y presta atención a la Palabra. Inclínese para obedecer y verá cómo su historia será diferente», finalizó.

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