La intensidad provoca la diferencia 

La intensidad provoca la diferencia 

Por Dep. Web

Muchas personas acuden a la iglesia, sin embargo, unas avanzan en la vida y otras permanecen estancadas. ¿Pero, por qué, si todos participan en la misma oración y reciben la misma Palabra de fe? No se trata de una injusticia divina; lee con atención lo siguiente. 

«Y saliendo, se encaminó, como de costumbre, hacia el monte de los Olivos; y los discípulos también le siguieron. […] Y estando en agonía, oraba con mucho fervor; y Su sudor se volvió como gruesas gotas de sangre, que caían sobre la tierra» (Lucas 22:39, 44). 

Durante el Santo Culto del 23 de noviembre, el obispo Franklin Sanches explicó que, mientras que algunas personas hacen las cosas como de costumbre y de manera automática hay otros que son diferentes y actúan con intensidad, fervor y empeño. Por lo tanto, estos últimos ven un resultado en distintas áreas de su vida: en la familia, en la economía, en sus relaciones y en su vida espiritual. 

«Si usted es esa persona que hace todo como de rutina, su vida estará limitada. Pero cuando es intenso, dedicado y pone fuerza en lo que hace, su vida va a progresar», comentó. 

Un momento decisivo 

Como leímos en el versículo anterior, era común que Jesús fuera al Getsemaní con Sus discípulos. No obstante, esa no fue una visita como de costumbre, fue un momento decisivo y determinante en donde Su alma sería quebrantada y Su voluntad entregada completamente al Padre. 

De acuerdo con el obispo, muchos oran como de costumbre, sacrifican lo de costumbre, buscan a Dios como de costumbre, se quedan atrapados en lo común, pero la costumbre no rompe cadenas, no transforma vidas ni trae lo nuevo de Dios. 

En cambio, «los que hacen todo con intensidad, como Jesús en el Getsemaní, no aceptan la monotonía, no se conforman con el fracaso ni se desaniman en el momento de dolor. Ellos derraman su alma porque entendieron que quien quiere lo extraordinario no puede vivir lo ordinario». 

Es decir, quien derrama toda el alma en el Getsemaní, como el Señor Jesús, se levanta para la victoria. Y quien se entrega es quien recibe el Espíritu Santo. 



Tenemos que ser como Él

Dios nos llama a cada uno de nosotros a salir de la costumbre y entrar en la intensidad que el Espíritu Santo exige, pues la diferencia entre una vida transformada y una vida estancada está exactamente en eso. ¡Y el Getsemaní expone lo que uno lleva en el interior!

«Antes de conocer a Jesús, muchos ya repetían el Padre Nuestro, pero ser religioso tampoco cambia nada. Por eso es que en la Universal hay propósitos, campañas, oraciones y varias cosas para que uno no se conforme con su situación y use la fe». El Señor Jesús pasó por el momento más difícil, entonces, necesitaba tener una fe más intensa y nosotros tenemos que ser como Él.

Asimismo, el obispo alentó a las personas a no rendirse: «Cuando pase por una lucha, no se lamente ni desista; ¡ore con más ganas! Muchos no han recibido el Espíritu Santo porque lo buscan religiosamente, pero para recibirlo es necesario pagar el precio, que es orar más, ayunar, hacer más. Los domingos no venga como de costumbre ni diga: “tengo que ir a la iglesia porque el obispo lo dijo”. En cambio, diga: “cuando vaya, lo haré para buscar a mi Señor porque quiero ser lleno de Su presencia”».

Si usted comienza a ser intenso en su fe, va a ser bendecido, diferente a los demás. Comprenda que Dios no hace acepción de personas, no obstante, la fe de cada uno es lo que hace la diferencia.

«En diciembre vamos a tener el Ayuno de Daniel del 10 al 31 de diciembre, y si lo que quiere es renovarse y ser bautizado con el Espíritu Santo, entonces querrá participar con intensidad. Por ejemplo, si quiere ser un buen profesionista o estudiante, necesita ser más intenso: sacrificar, estudiar y esforzarse más», lo mismo sucede con quien quiere tener el Espíritu de Dios.

En el Getsemaní, Jesús no fue a cumplir un ritual con una oración o una costumbre, fue a derramar toda Su alma, por eso, todo lo que hizo lo exaltó hasta la gloria, porque fue intenso. 

«Decida usted qué tipo de persona desea ser: mediocre o extraordinario. Si quiere lo extraordinario, sea fervoroso y esforzado». Es decir, no lea la Biblia ni hable con Dios de cualquier manera, mejor derrame su alma, aunque no tenga ganas, hágalo con intensidad, porque es lo mejor para usted. «Si lo hace así, su historia será completamente diferente».

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