La falta de perdón enferma el alma y bloquea la vida espiritual

En la meditación de este viernes 23 de enero, el obispo Edir Macedo señaló que el Señor Jesús habla mucho sobre la justicia y también sobre la injusticia.

Entonces, el obispo destacó que existe una forma de injusticia que se sobrepone a todas las demás: la falta de perdón. Según él, esto no es solo una cuestión espiritual, sino también de razonamiento. «Perdonar es una cuestión de inteligencia», afirmó, explicando que, al perdonar al otro, la persona se perdona a sí misma.

Cuando el alma enferma por falta de perdón

La ausencia de perdón aprisiona a quien guarda el rencor. Incluso cuando el otro no sabe del resentimiento, quien carga la herida sufre. Y, a su vez, el rencor produce tristeza, amargura, insomnio, depresión y otros males espirituales.

«El alma enferma porque no está en paz», explica, reforzando que la ausencia de esta paz nace de la negativa a perdonar.

Según el obispo, no hay otro camino para eliminar el rencor, la tristeza y la angustia sino el perdón. «El único remedio para eliminar ese rencor es el perdón», afirmó. Y añade: quien no perdona, no es perdonado.

Además, afirma que las ofrendas hechas a Dios, cuando van acompañadas de resentimiento, pierden completamente su valor espiritual. Son ofrendas «manchadas», que Dios no acepta. Él recuerda el episodio de Caín y Abel para reforzar que no es el tamaño de la ofrenda, sino la pureza del corazón lo que agrada a Dios.

Entonces citó el pasaje bíblico en el que Jesús dice:

«Por tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar, y allí te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar, y ve, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.» (Mateo 5:23-24).

Y observó que la enseñanza deja claro que antes de presentar la ofrenda en el Altar, es necesario reconciliarse con el hermano. La reconciliación precede cualquier acto religioso, pues Dios no acepta una ofrenda impura.

El perdón no es un sentimiento, es una decisión

A continuación, el obispo Macedo advirtió que muchas personas pasan años en la iglesia, hacen ayunos, propósitos y oraciones, pero no avanzan espiritualmente porque no han perdonado y no han sido perdonadas. Y sin perdón, no hay cómo recibir al Espíritu Santo.

Entonces resaltó un punto central de esta enseñanza: la diferencia entre sentimiento y decisión.

«El perdón que Dios quiere que le dé a la persona no es del corazón, del sentimiento, es el perdón intelectual, racional, inteligente», afirmó.

Perdonar, por lo tanto, es un acto de obediencia a la Palabra de Dios, una actitud de fe y no una respuesta emocional, pues el corazón es engañoso, cruel e incontrolable. Por eso, incluso cuando el sentimiento resiste, la decisión consciente de perdonar agrada a Dios.

La fe racional y el uso de la Palabra

El obispo también compartió, por medio de una experiencia personal, que la fe debe ser guiada por la Palabra, y no por el deseo del corazón. Relató cómo insistió en algo que agradaba a su voluntad, usando incluso promesas bíblicas, y casi puso en riesgo su salvación.

«Dios es sabiduría, es Palabra, es el Verbo que se hizo carne, es pensamiento. Dios no es emoción, no es alma», afirmó, al resaltar que la fe debe ejercerse con conciencia y responsabilidad. «Tenemos que usar la cabeza para ejercer la fe», dijo.

Un llamado a la decisión consciente

Por último, lo que se puede reflexionar a partir de la meditación es que quien elige no perdonar termina cosechando los frutos de la maldición que lanza sobre sí mismo. Por otro lado, el perdón rompe las cadenas del infierno.

El mensaje concluye con una invitación a la reflexión y a la decisión racional: entregar la mente a Dios, elegir el perdón y actuar conforme a la verdad. «El Espíritu Santo viene para guiarnos a toda la verdad, no a toda emoción», comentó el obispo.

Perdonar es posible para todos. Y quien perdona, es perdonado. A partir de esa elección se abre el camino para una vida espiritual plena, guiada por la verdad y por la presencia de Dios.

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