La distinción que hace la diferencia

La distinción que hace la diferencia

Por Departamento Web 2

Desde el inicio de la creación, Dios siempre quiso habitar con el ser humano. En el Jardín del Edén paseaba con Adán y Eva, rodeándolos con armonía y paz. No obstante, ellos dejaron de servir al Altísimo para servirse a sí mismos, instaurando el caos en el planeta.

Aún así, el Creador no renunció al plan de habitar con Su creación. Al liberar a los hijos de Israel de Egipto, Dios le ordenó a Moisés que construyera un Tabernáculo en el desierto. De esa manera, Él podía estar junto con el ser humano.

Muchos años pasaron y el rey David deseó construir un templo para Dios. Ya no sería más una tienda como la del Tabernáculo, sino un lugar permanente. Al Altísimo le agradó el deseo de Su siervo y especificó cada detalle de la magnífica obra que no sería ejecutada por David, sino por su hijo, el rey Salomón. El lugar, una vez más, sería la prueba del mayor deseo de Dios: habitar con Su pueblo. Allí, Él declaró: «Ahora mis ojos estarán abiertos y mis oídos atentos a la oración que se haga en este lugar, pues ahora he escogido y consagrado esta casa para que mi nombre esté allí para siempre, y mis ojos y mi corazón estarán allí todos los días.» (2 Crónicas 7:15-16).

Sin embargo, el pueblo se mantuvo lejos de Él, sirviendo a sus deseos y cosechando el resultado de las malas elecciones.

Cientos de años pasaron y hoy Dios ya no quiere habitar junto al ser humano, sino dentro de él. Y es en eso que puede verse la diferencia entre los dos tipos de personas que existen en el mundo: las que sirven a Dios y las que se sirven a sí mismas. El propio Altísimo quiere revelar esa distinción cuando dice: «Entonces volveréis a distinguir entre el justo y el impío, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve» (Malaquías 3:18).

Esa diferencia no está entre quien frecuenta y quien no frecuenta la Iglesia, o entre quien tiene y quien no tiene una religión. La diferencia es entre quien sirve y quien no sirve al Señor. Y solo es posible servirle cuando esa persona recibe al único capaz de generar un nuevo corazón y una nueva mente aptos para obedecer la Voluntad del Altísimo: el Espíritu Santo.

La belleza que puede verse en el Templo de Salomón, que el propio Dios diseñó, es la misma que Él diseña en la vida de los que se entregan 100 % en Su Altar. Quien recibe el Espíritu Santo empieza a tener una vida diferente, pues se convierte en el propio Templo del Dios Creador en la Tierra.

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«Nunca veía los frutos de mi trabajo»

A pesar de que Eduardo Arredondo es ingeniero en sistemas, su vida era un desastre: deudas por todos lados, un salario fijo que no le daba solvencia y una vida sentimental arruinada.

«Vivía rentando, pero llegó un punto en el que me escondía de la casera ya que no podía pagarle. Llegué a pasar hambre porque no tenía ni para comer y mi relación sentimental estaba llena de problemas, por las carencias económicas llegamos al punto de los golpes.

A veces no iba a convivios familiares porque no tenía ropa para vestir, ni para los regalos. Era una vida de fracaso total. Después, me separé y estaba muy frustrado, me preguntaba por qué había llegado a ese punto teniendo profesión, me consideraba una persona brillante. Sin embargo, confiaba en mi propio conocimiento y aún así no salía adelante. Aunque buscaba otro trabajo para ejercer mi profesión, nunca veía los frutos», dijo.

Con depresión y sintiéndose un fracaso por ser incapaz de poder mantener una familia, Eduardo conoció la Universal. Ahí escuchó de la Hoguera Santa, una oportunidad para cambiar su vida. Sin embargo, al inicio no tomaba en serio la importancia de este propósito de fe:

«Durante 9 años participé de cualquier manera y no veía cambios, no veía que mi vida se transformara tal y como pasaba con los testimonios. A veces me preguntaba por qué todo seguía de la misma manera si participaba en las Hogueras Santas. Pero yo conocía la verdad: sabía que era porque no había hecho una entrega total para Dios», agregó.

A partir de que comprendió, su actitud fue diferente: «Esa vez no hice la Hoguera Santa de cualquier manera, decidí entregar todo, mi vida. Después, comencé a ver cómo todo se transformaba: mi economía se restauró, pagué mis deudas, dejé de vivir rentando y compré mi primera casa, tal y como la pedí. Posteriormente, Dios me dio condiciones para comprar mi segunda casa en una de las zonas más exclusivas. A partir de entonces, dejé de participar en las Hogueras Santas de cualquier manera, ahora entrego mi vida en el altar».

Pero la bendición también se extendió en su vida amorosa, conoció a Azucena Meneses y se casaron: «Gracias a la Hoguera Santa conocí a mi esposo, tenemos una bonita relación. Él es mi compañero, mi amigo y nos llevamos bien. Poseemos ese amor que Dios nos ha dado. Además, continuando en las Hogueras Santas he conquistado un departamento, un coche cero kilómetros y, con mi esposo, tenemos dos negocios», contó ella.

Por su parte, Eduardo afirma que la relación es como siempre la había soñado y su vida es bendecida en todos los aspectos, principalmente por el Espíritu Santo: «Él ha hecho que nosotros mismos seamos la propia bendición para nuestra familia y amigos.

Hoy mi mayor bendición ha sido recibir el Espíritu Santo, me ha dado esa paz y alegría. Ha sanado todo lo que en mi vida había sido dañado, ese vacío que tenía ha sido llenado totalmente por Él. Mi bendición más grande ha sido recibirlo y no lo cambio por nada», finalizó.

Templo de Salomón

La Hoguera Santa no existe para que las personas desafíen su fe a cambio de bendiciones. Quien lo ve de esa manera, incluso puede recibir bendiciones, pues Dios no le debe nada a nadie. No obstante, la persona no tendrá lo que Dios quisiera que ella tuviera: Su propio Espíritu habitando en su ser.

La Hoguera Santa es un término para explicar lo que Dios quiere de todos: una entrega total, sin restricciones y completa, la entrega del alma, la entrega de la vida. Sin embargo, muchas personas, incluso dentro de la Iglesia, no entienden el propósito de esta campaña de fe y se frustran.

En diciembre, en todas las Universal, se llevará a cabo la Hoguera Santa de la Diferencia. Este año, todas las peticiones de la campaña serán llevadas al Templo de Salomón, el único entre los más de 37 millones de templos existentes en el mundo cuyo arquitecto fue el propio Dios. Para participar y saber más, busca la Universal más cercana a tu domicilio.

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