«Intenté matarme de una sobredosis y mi plan se frustró»

«Intenté matarme de una sobredosis y mi plan se frustró»

Por Social Media

En la adolescencia, intenté enamorarme de algunos chicos pero me gustaba lo mismo que a ellos. Conocí a una chica e iniciamos una relación de ocho años. Cambié mi manera de hablar, la apariencia y no soportaba vestirme como mujer, quien me veía pensaba que era un hombre. Después, adquirí el hábito de fumar y beber. Pero un día me ofrecieron cocaína y desde entonces no dejé de drogarme”, dijo Hanna.

Por otro lado, su relación terminó a causa de las traiciones. “Cuando ella se dio cuenta, intentó matarme con un chuchillo. Tras ese suceso, decaí. Empecé a frecuentar prostíbulos donde tenía bebidas, cigarros, drogas y mujeres. No era feliz en las relaciones. Tenía problemas donde fuera, incluso con criminales. Quería morir porque creí que así no haría sufrir a nadie. Por eso decidí matarme consumiendo cocaína”.

En un lugar cerrado, sin ventanas, solo con una puerta, inhaló grandes cantidades de cocaína, pero antes de consumir la última “línea”, un fuerte viento tiró el polvo. Anteriormente, la madre de Hanna la invitaba a la Universal sin ser insistente y tratándola con ternura. Luego del intento suicida, aceptó ir. “Le dije a Dios la razón
por la que llegué: ‘Para mí, yo no tengo solución, pero quiero vivir. Quita este odio de mí. En el fondo no quiero dañar a nadie’”. Ella regresó a casa con paz y pudo dormir. Al seguir yendo, volvió a sonreír. “Decidí no drogarme más. Solo tenía dudas con respecto a la relación entre un hombre y una mujer (porque en el mundo es común decir que el amor no tiene sexo), hasta que leí el libro de Levítico, capítulo 20. Entendí que Dios condena el acto homosexual, no al homosexual.

Mi cambio no fue forzado, con el tiempo me fui vistiendo como mujer y me interesaba por los chicos. Pero, necesitaba al Espíritu Santo. Empecé a orar y ayunar por eso, me rodeaba de la Palabra de Dios y de todo lo que me enseñara a tener Su Espíritu. Al hablar con Dios decía: ‘No quiero nada de este mundo, solo Te quiero a Ti, es todo lo que necesito. Si me quedo a Tus pies, tendré la sabiduría y la fuerza necesaria para no volver a hacer lo que hacía. Sin Ti no lo lograré’. Al recibir el Espíritu Santo, tenía paz, alegría y una fuerza dentro de mí, solo podía agradecer.

Hoy soy feliz conmigo misma. La única cosa que hice después de agradecer por mi cambio fue amarme”.

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