«Las palabras de su boca son iniquidad y engaño; ha dejado de ser sabio y de hacer el bien. Planea la iniquidad en su cama; se obstina en un camino que no es bueno; no aborrece el mal.» (Salmos 36:3-4)
Quien vive juzgando a los demás utiliza palabras maliciosas y mentiras, porque nunca ha prestado atención a practicar el bien, ni para sí mismo ni para los otros.
Por la noche, en la oscuridad de su habitación, trama el mal y busca malos caminos en internet, siguiendo los deseos de su corazón para hacer lo malo; se complace en la rebeldía y en desafiar la disciplina.
Lejos del conocimiento de Dios, el ser humano no sabe que Él lo ve, se entristece por ello y, aun así, lo ama profundamente, deseando ayudarlo y llevarlo a Su Reino de paz.
