Hijo de Dios, ¿se nace o se hace?

Hijo de Dios, ¿se nace o se hace?

Por Departamento Web 2

El mensaje de la cruz es de sacrificio y renuncia. La cruz tiene una parte vertical y otra horizontal, estas tienen un significado: «la más importante [parte vertical] se refiere a que es necesario amar a Dios de todo corazón, con toda nuestra alma, nuestra mente y nuestras fuerzas», explicó el obispo Franklin durante el Santo Culto del pasado domingo 10 de abril.

Pero esto exige un grande sacrificio, pues es necesario colocar a Dios por encima de hijos, pareja, trabajo, amigos, dinero, etc. Es decir, para seguir a Jesús es necesario negarse a sí mismo. La parte horizontal se refiere a «amar al prójimo como a uno mismo», y también exige sacrificio, pues es muy fácil amar a quien le ama, pero el sacrificio viene cuando es necesario amar a quien le perjudicó. Por ejemplo, «tengo que ser capaz de perdonar a esa persona que me odia, que me engañó, o que fue la causa de destrucción del matrimonio».

El mensaje de la cruz no es solo para las personas buenas, Jesús murió también por aquellos que son pecadores. Amó a quienes no le amaron y por ellos también se sacrificó en la cruz. Y esto es lo más difícil.

Existen muchos que quieren vivir un cristianismo en donde se puede pecar y luego solo basta con repetir un rezo para ser absuelto. Pero eso no es lo que la Biblia enseña, sino que enseña sobre sacrifico «para poder amar a mi prójimo como a mí mismo y tener una relación con Dios».

Incluso, el propio Jesús dijo que, si uno no perdona, tampoco será perdonado. Y si la persona no es perdonada, significa que la cruz está quebrada para ella.

Pero, aunque la cruz exige renuncia, esta tiene su recompensa: una vida feliz y de bendiciones, como verdaderos hijos de Dios. Pues antes Él era unigénito, pero ahora es primogénito, a través de Su sacrificio pudieron nacer nuevos hijos de Dios.

«En el mundo estaba y el mundo fue hecho por medio de él, pero el mundo no lo conoció. A lo suyo vino, pero los suyos no lo recibieron. Pero a todos los que lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio derecho de ser hechos hijos de Dios» (Juan 1:10-12).

La mayor mentira que satanás inventó es que todos son hijos de Dios. No obstante, en los versículos anteriores comprendemos que no es así. Nadie nace siendo hijo de Dios, nacen por decisión de dos personas que tienen una relación. Entonces, todos somos criaturas de Dios.

Una persona se vuelve hija de Dios cuando, como está escrito, cree en su nombre. Anteriormente, ya habíamos explicado el significado de «creer», que no significa simplemente tener fe, sino entregarse por completo, como en un matrimonio en donde quienes creen, forman una alianza. Lo mismo ocurre con respecto a Dios. «Cuando creo, me entrego a Él, pues el que creyere y fuere bautizado, será salvo», señaló el obispo. Jesús no dijo que quien tuviera fe sería salvo, dijo que lo sería aquel que cree y se bautiza. Así, la persona se está entregando a Jesús. De la misma forma, cuando Él le bautiza con Su Espíritu, Él se está entregando a ella.

Entonces, Él dice que a quienes creen les da potestad de ser hechos hijos de Dios: «los cuales nacieron no de sangre ni de la voluntad de la carne ni de la voluntad de varón sino de Dios» (Juan 1:13).

Es decir, los hijos de Dios no se engendran por el ADN. Sino hasta que la persona crezca y tome la decisión de entregarse a Jesús. «Algunos cuestionan que si Dios existiera no habría niños pasando hambre en el mundo». Sin embargo, Dios le dio al ser humano la capacidad de tener hijos, por lo que esta situación no es culpa de Él. No es fácil, pero es la verdad bíblica.

Por ejemplo, si usted tiene un hijo, lo cuidará y no dejará que nada le falte, sin importar la edad que tenga. Así ocurre con Dios, Él cuida y sustenta a aquellos que son Sus hijos. Incluso, Él dijo que: «Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste» (Juan 17: 9). No obstante, así como usted ayudaría al hijo de otro si lo ve sufriendo, Dios también puede bendecir a quienes no son sus hijos, pero las bendiciones no bastarán para que esa persona sea feliz.

Usted solamente puede nacer de Dios cuando es engendrado por el Espíritu Santo, cuando hay una entrega sincera. Solo así Él le dará un nuevo corazón y usted contará con Dios. No importa su pasado, o las cosas equivocadas que usted ya hizo. Cuando usted se vuelve hijo de Dios no recibe bendiciones, se vuelve la propia bendición.

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