Son los gritos silenciosos, ahogados y acumulados en el alma, los que se transforman en enfermedad y en deseo de autodestrucción. No, no es normal que tantas personas pongan fin a su existencia, como hemos visto todos los días.
¡Yo no me acostumbro a eso!
Son personas exhaustas, heridas de la guerra (que es la vida), decepcionadas y, peor aún, sin esperanza de que todo pueda ser diferente. El caos de la humanidad es tan grande que no son pocos los que encuentran más ternura y amistad en un animal que en su propia familia.
Entonces, hay caos interior, caos en las familias, en las escuelas y también por aquí.
Las redes son desiertos, casi sin vida. Pero, de vez en cuando, cuerdas de salvación aparecen para levantar a quienes logran atravesar el mundo de la frivolidad, de la ostentación, de la frialdad, de los juicios y de las mentiras.
La red puede atrapar, puede enfermar. Pero, en algunos momentos, también puede abrazar con amor.
Es un abrazo en forma de texto, de la sonrisa de quien se preocupa y de la invitación de quien realmente quiere tu bien.
Piensas que eres débil y sin valor, pero no lo eres.
Piensas que falta refugio en todos los lugares y en toda la gente, pero no falta.
Piensas así… hasta que encuentras a Dios, el mayor Escondite para nuestras almas. Y los dolores pueden ser muchos, pero solo un abrazo suyo cura todo sufrimiento y sana todas las heridas.
¿Compartimos esperanza?
A veces, quien menos imaginas está pensando en rendirse hoy.
