Millones de personas participaron en el clamor en busca del Espíritu Santo y renovaron su fe en las promesas de Dios durante la oración dirigida por el obispo Macedo directamente desde el Monte Sión.
El Gran Clamor en el Monte Sión marcó la mañana del pasado domingo 2 de agosto y reunió a millones de personas en todo el mundo. Directamente desde el Monte Sión, en Israel, el obispo Edir Macedo, acompañado por obispos de diversos países donde la Universal está presente, dirigió la reunión que marcó el cierre de la Hoguera Santa y del Ayuno de Daniel. Durante el encuentro, invitó a todos a clamar por el bautismo con el Espíritu Santo.
La importancia de tocar la trompeta en Sión
Con base en la Palabra de Dios, el obispo Macedo explicó que el llamado a tocar la trompeta en Sión representa una oración sincera, hecha con todo el corazón.
«Tocad trompeta en Sión, promulgad ayuno, convocad asamblea» (Joel 2:15).
Dios no espera palabras memorizadas, sino una conversación verdadera.
«Cuando oramos, hablamos con Dios, y Dios Se inclina para escuchar nuestra oración. La trompeta es nuestra boca, nuestra lengua y nuestra mente», agregó.
El obispo también orientó a quienes aún no han recibido el Espíritu Santo a concentrar toda su fe en ese propósito, recordando la enseñanza de Jesús:
«Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.» (Mateo 6:6).
El mayor regalo de Dios
Durante el mensaje, el obispo Macedo destacó que el Espíritu Santo es el mayor regalo que una persona puede recibir y que Su presencia va mucho más allá de los dones o las manifestaciones exteriores.
«Vete de tu tierra, de entre tus parientes y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré. Haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición.» (Génesis 12:1-2).
Es decir, quien recibe el Espíritu Santo, al igual que Abraham, lleva consigo la presencia de Dios y se convierte en un primogénito espiritual, que vive bajo Sus promesas y es testigo de Su poder.
Un clamor por toda la Tierra
Junto a los obispos y sus esposas, el obispo Macedo dirigió un clamor en favor de todos los que seguían la reunión. Sin importar su religión, los participantes fueron invitados a clamar por su propia salvación. La oración fue dirigida para que el Espíritu Santo fuera derramado sobre quienes buscaban esa promesa y para que la Iglesia de Cristo permaneciera unida en una sola fe. Asimismo, determinó el bautismo con el Espíritu Santo y la liberación de todos los participantes.
Durante la oración, el obispo destacó que la verdadera liberación comienza en el interior de la persona y, a partir de esa transformación, alcanza todas las áreas de su vida.
Al concluir el mensaje, el obispo Macedo afirmó que Dios siempre cumple Su Palabra para quienes creen. Quien recibe el Espíritu Santo comienza a reflejar el carácter, la justicia y la verdad de Cristo, convirtiéndose en un testimonio vivo de Su presencia dondequiera que esté.
