«Por tanto, dad frutos dignos de arrepentimiento» (Mateo 3:8).
Quienes se entregan a Dios, arrepentidos y con sinceridad, se convierten en nuevas criaturas y son instruidos a tener nuevos pensamientos y deseos conforme a Su Palabra.
Entonces se verán los frutos de una nueva vida en total obediencia a su Señor, haciendo de Él su primer amor en toda su vida.
