Es momento de tomar una postura espiritual
Estamos viviendo días en los que la familia se ha convertido en un blanco. No es exageración. Basta observar lo que ha sucedido en los últimos tiempos: los ataques contra la fe, contra la Palabra de Dios y contra los principios cristianos se han vuelto cada vez más explícitos.
Por eso, quiero hacerte un llamado a la conciencia. Si tienes familia, protégela. Porque hay quienes no la tienen y desean tenerla. Pero, lamentablemente, también hay quienes no la tienen y no quieren que nadie la tenga, y por eso trabajan para destruir la tuya.
Vamos, entonces, a entender dos verdades fundamentales.
Primera verdad: Dios es familia y creó la familia
Antes que nada, necesitas comprender algo básico: Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Es decir, Dios es familia. Además, la propia Biblia nos llama hijos de Dios. Fue Él quien instituyó la familia en la Tierra.
Por lo tanto, cuando alguien ataca a la familia, no solo está cuestionando un modelo social. Está afrontando un principio divino.
Cuando entiendes eso, comienzas a ver la familia no como una construcción cultural, sino como un proyecto celestial.
Segunda verdad: el mal odia a la familia
Por otro lado, hay una segunda verdad que no puede ser ignorada: el diablo no tiene familia. El diablo divide, trabaja para separar, fragmentar y poner a unos contra otros.
Y es precisamente por eso que la familia se convierte en uno de sus principales blancos.
Cuando unes estas dos verdades —que Dios creó y valora la familia, y que el mal la odia y quiere destruirla— comienzas a entender lo que está ocurriendo en el mundo actualmente. La raíz es espiritual.
La lección de Nehemías: luchar por la casa
En el libro de libro de Nehemías, capítulo 4, encontramos una lección poderosa. Nehemías, que era copero del rey, recibió autorización para reconstruir los muros de Jerusalén. Sin embargo, enfrentó oposición, burlas y amenazas.
Entonces, ¿qué hizo?
El Texto dice que organizó al pueblo por familias y colocó a cada jefe de hogar para luchar con espada, lanza y arco delante de la parte del muro que protegía a los suyos.
Es decir, no puso solamente trabajadores delante de piedras. Puso padres al frente de la protección de sus esposas, hijos y hogares.
Además, declaró:
«No les tengáis miedo; acordaos del Señor, que es grande y temible, y luchad por vuestros hermanos, vuestros hijos, vuestras hijas, vuestras mujeres y vuestras casas» (Nehemías 4:14)
Observa: él no solo dijo «trabajen», sino «peleen».
Los muros de hoy son invisibles
En la antigüedad, proteger a la familia significaba levantar muros físicos, cerrar puertas y garantizar seguridad material.
Sin embargo, hoy los ataques son más sutiles. Entran por la pantalla del celular. Invaden a través de distintas situaciones que promueven la división entre hombres y mujeres, entre padres e hijos. No obstante, la verdad es que una casa dividida no permanece.
El mal lo sabe. Por eso invierte en dividir para conquistar. Pone padres contra hijos, hombres contra mujeres, hermanos contra hermanos. Después, solo observa el caos.
No entres en el juego de la división
Si el objetivo es dividir, entonces la respuesta debe ser unir.
En lugar de entrar en guerras ideológicas, fortalece tu hogar. En vez de delegar la responsabilidad, asume tu papel espiritual.
Cada uno debe luchar por su familia.
Si tienes esposo, esposa o hijos, lucha por ellos. Si todavía no tienes familia, la Palabra promete que Dios hace habitar en familia al solitario.
Pero atención: no esperes que el mundo proteja lo que Dios instituyó. Hay fuerzas trabajando en contra. Por eso, necesitas tomar una posición.
Si valoras a tu familia, no permanezcas indiferente: levántate espiritualmente, construye muros, establece límites, refuerza principios, ora con tus seres queridos y anden unidos. A final de cuentas, si no luchas por tu casa, alguien luchará contra ella.
Obispo Renato Cardoso
