«Así pues, ya no sois extraños ni extranjeros, sino que sois conciudadanos de los santos y sois de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo Cristo Jesús mismo la piedra angular…» (Efesios 2:19-20)
Cuando elegimos vivir para Dios, recibimos una nueva vida por medio del Espíritu Santo y pasamos a formar parte de la Familia de Dios. Él nos dio Su Palabra para que lo conozcamos y seamos enseñados a hacer Su voluntad, siguiendo el camino del bien. Por la fe entendemos Su sacrificio al enviar a Su Hijo para rescatarnos del pecado, para que seamos salvos y nazcamos de nuevo a través de Jesús, recibiendo también el derecho de ser hijos y de entrar en el Reino de Dios.
