«El tercer ángel tocó la trompeta, y cayó del cielo una gran estrella, ardiendo como una antorcha, y cayó sobre la tercera parte de los ríos y sobre los manantiales de las aguas. Y el nombre de la estrella es Ajenjo; y la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo, y muchos hombres murieron por causa de las aguas, porque se habían vuelto amargas» (Apocalipsis 8:10-11).
Los astros celestes se vengarán del ser humano, con el permiso de Dios, pues este contribuyó a la rebelión de la naturaleza. Así, las aguas de los ríos y de los manantiales se volverán amargas, y los hombres morirán de sed por haberse rebelado contra los consejos de Dios. Por ello, sufrirán y morirán a causa de su desobediencia y por no haber escuchado Su voz.
En aquel día se cumplirá todo lo que Él ya reveló en Su Palabra, pues lo advirtió antes de que sucediera.
