Este poder quiere estar en tu interior

«El mensaje de la resurrección de Jesús es lo más fuerte que existe en la historia de la humanidad», comentó el obispo Franklin Sanches al inicio del Santo Culto del domingo 5 de abril. Esto es porque la historia se divide en antes y después de Cristo.

Además, el cristianismo se trata de una fe inteligente: «Su fundador murió, resucitó y nosotros creemos en ello, no solo porque la tumba quedó vacía o por los relatos históricos, sino, sobre todo, por la mayor evidencia de la resurrección de Jesús: que el Espíritu Santo está entre nosotros y continúa haciendo la obra de Jesús, transformando vidas, salvando y cambiando personas», comentó.

«Todos ustedes que están aquí tuvieron su experiencia con el Espíritu Santo en su momento. Él los sanó, los liberó de un vicio, de los males que traían y quitó sus tormentos», añadió. De acuerdo con el obispo, a quien dude que Jesús resucitó, le basta con mirar hacia las vidas transformadas, pues nada consigue cambiar el interior de un ser humano, solamente la obra divina.

El Espíritu Santo es la evidencia viva, es la prueba

«Y si Cristo no ha resucitado, vuestra fe es falsa; todavía estáis en vuestros pecados. Entonces también los que han dormido en Cristo han perecido. Entonces también los que han dormido en Cristo han perecido. Si hemos esperado en Cristo para esta vida solamente, somos, de todos los hombres, los más dignos de lástima» (1 Corintios 15:17-18).

Si la resurrección fuera una farsa, ¿cómo es que los apóstoles estuvieron dispuestos a morir por ello? Inclusive, antes de recibir el Espíritu Santo, Pedro negó al Señor Jesús y los discípulos huyeron, no quedó nadie.

No obstante, después vieron las pruebas convincentes de que Él estaba vivo: lo tocaron, hasta comieron con Él, y en un espacio de 40 días Jesús se quedó con ellos, enseñándoles sobre el Reino de Dios y cómo mantenerse en la fe. Al final, «vieron al Señor resucitado ascender a los cielos y después fueron bautizados con el Espíritu Santo, y por esa fe murieron».

El recibimiento de esta promesa

«A estos también, después de Su padecimiento, se presentó vivo con muchas pruebas convincentes, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles de lo concerniente al Reino de Dios. Y reuniéndolos, les mandó que no salieran de Jerusalén, sino que esperaran la promesa del Padre: La cual, les dijo, oísteis de Mí; pues Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de pocos días» (Hechos 1:3-5).

Tras lo sucedido con Jesús, la situación en Jerusalén no era muy buena, sin embargo, los discípulos obedecieron y se quedaron para esperar la promesa de recibir al sustituto de Jesús. Es decir, ellos esperaron por Aquel que los guiaría, sostendría y fortalecería.

Asimismo, el obispo enseñó que cuando el Espíritu Santo entra en una persona, le da la fuerza para que pueda enfrentar lo que sea sin temerle a nada.

«Entonces los que estaban reunidos, le preguntaban, diciendo: Señor, ¿restaurarás en este tiempo el reino a Israel? Y Él les dijo: No os corresponde a vosotros saber los tiempos ni las épocas que el Padre ha fijado con Su propia autoridad; pero recibiréis poder cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros; y Me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra» (Hechos 3:6-8).

Mientras Jesús hablaba del Reino de Dios, ellos estaban preocupados por el reino de la tierra. Pero Él les aclaró que no se preocuparan por eso, sino por el Reino de los Cielos. «Y esa debe ser la prioridad. Si quiere que su vida y familia, sean transformadas, preocúpese por una cosa: llenarse de Su Espíritu».

«Sé que usted tiene necesidades, problemas qué resolver, situaciones qué arreglar, pero confíe: si se llena del Espíritu Santo, todo lo demás será añadido», comentó.

Recibir el Espíritu Santo no es tener una sensación, porque ese «escalofrío» se va. «Dios no quiere que tenga sensaciones, sino poder. (Tenerlo a) Él dentro de usted es tener un poder que nos da para que seamos testigos Suyos». Tal vez usted era un caso perdido, pero hoy está transformado. Eso es lo que Jesús hace y nosotros vamos a poder hablar de Él con nuestro comportamiento y forma de ser, y con nuestra vida, que será una bendición.

Ser la propia bendición

Imagine tener ese poder en su interior, «cuando lo tiene, usted bendice su matrimonio, bendice a su marido o esposa, a sus hijos. Los hijos bendicen a los padres. Porque si yo recibo ese poder, a donde voy lo transmito», explicó el obispo.

Quien tiene el Espíritu Santo no muere nunca más. Está escrito: «Jesús le dijo: Yo Soy la resurrección y la vida; el que cree en Mí, aunque muera, vivirá, y todo el que vive y cree en Mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?» (Juan 11:25-26).

«Usted puede estar aquí muerto en vida, sin esperanza, con la vida deshecha y destruida […]. Pero si cree en Jesús, usted vivirá. […] Dios quiere hoy entrar en su vida, basta que la persona crea». Y creer no es solo tener fe, sino entregarse, como en un matrimonio.

«Si hace esto, el Espíritu entrará a su vida. Si dice: obispo, yo soy un pecador y cometí muchos errores… ¿Y quién no?». Para recibirlo basta que crea en el Señor Jesús, si lo hace Él le dará de Su Espíritu Santo.

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