Este es el primer paso para una vida feliz

Muchas personas crecieron en hogares disfuncionales, sin buenos ejemplos ni una educación emocional sobre cómo ser una buena pareja. Al carecer de estas referencias, es común arrastrar los mismos patrones de conflicto, infidelidad o desinterés aprendidos en el pasado al hogar que intentan formar. Ante las crisis, el ser humano tiende a buscar culpables y creer erróneamente que la felicidad llegará cuando la economía mejore, cuando la pareja cambie o cuando aparezca la persona «ideal». Sin embargo, más allá de los problemas económicos, de salud, de las diferencias de pensamiento u otros desacuerdos, la raíz de los conflictos está en el alma.

La experiencia demuestra que, aunque una pareja sea adinerada o con cónyuges intachables siguen siendo profundamente infelices. Porque la base de la verdadera felicidad amorosa no depende de las circunstancias, sino de la sanidad de nuestro corazón, que es la fuente de nuestras emociones. Cuando el interior está roto, la reacción ante cualquier dificultad se traduce en rencor, celos, esconder cosas, ignorar a la otra persona, ansiedad y amargura.

Siendo así, la regla para una vida amorosa feliz es que nadie puede entablar una relación plena si primero no sana su interior. Es ahí donde buscar la ayuda de Dios se vuelve primordial: la sabiduría divina enseña que antes de intentar restaurar el matrimonio, las finanzas o la salud, es indispensable restaurar el alma. Buscar esa paz interior y alinearse con los principios bíblicos es lo que cura las heridas y trae madurez emocional.

Esta transformación espiritual hace que la persona sepa cuándo es el momento adecuado para hablar, cómo contener a su pareja en momentos de tensión, cómo perdonar genuinamente y cómo ser prudente y administrar todos los aspectos de su vida.

Tal vez no tuviste buenos ejemplos en tu infancia, pero si permites que Dios restaure tu interior, tendrás la sabiduría necesaria para sostener un compromiso real y duradero. No obstante, si no sanas la raíz, ninguna relación podrá prosperar.

Obispo Franklin Sanches

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