«Aunque mi esposo ganaba bien, el dinero no rendía y sufríamos muchas envidias. En mi matrimonio no había paz, sino vicios y constantes pleitos. Todo empeoró después de que él enfermó, su situación también me afectó. Me dio una parálisis, sufría migrañas, problemas en el hígado y gastritis. Después de que me quitaron los ovarios ya no quería vivir; sentía que no servía para nada y que mi esposo ya no me quería. Para rematar, terminé tomando pastillas para dormir porque era atormentada en las noches: sentía que me jalaban los pies y, durante el día, se caían cosas en el cuarto y escuchaba que gritaban mi nombre.
Al conocer la Universal y escuchar la Palabra de Dios, entendí que Él podía sanarme, liberarme de todos los males y restaurar a mi familia. Después de recibir la sanidad, comprendí que el cambio comenzaba en mi interior, por eso busqué ser llena de Su presencia.
Al recibirlo, Él hizo todo nuevo, incluso mi carácter. Además, gracias a Dios, mi esposo dejó de tomar y se volvió un hombre amoroso. Nos perdonamos y el amor volvió a nacer. Hoy somos felices y estables en todas las áreas.» -Margarita Hernández
