Mentir lleva demasiado tiempo y le chupa la energía a alguien. Al fin y al cabo, se necesita mucha fuerza y concentración para sostener una mentira tras otra; de lo contrario, el castillo del engaño se derrumba y el mentiroso queda al descubierto.
En cambio, la verdad deja a la persona libre para desarrollar su propia vida, sin miedo, sin presión, sin dudas…
¡Es tan trabajoso mentir y tan liberador vivir en la verdad!
