No crecemos en medio de experiencias sobrenaturales, grandes cultos, planes perfectos o mensajes espectaculares.
Nuestra valentía crece realmente en medio de las debilidades que enfrentamos con dureza, de los dolores que lloramos con tristeza, de los «no» que no esperábamos, pero que llegan con una fuerza descomunal, y de las decepciones que vivimos con amargura.
Lo que hace que la fe sobresalga son los vientos contrarios, los rayos, los truenos y las lluvias que parecen no tener fin.
Nadie se fortalece en una hamaca, tomando agua de coco.
Y nadie demuestra su valentía lanzándose en ala delta o bajando de manera insana, o en la montaña rusa.
Nuestra fuerza se desarrolla cuando nos levantamos ante la pérdida, la traición, el abandono, el duelo, la frustración, la enfermedad sin cura…
¡Eso genera fuerza!
Y sí, las tormentas son lindas de ver, pero dificilísimas de vivir.
Si estás en un temporal ahora, resiste, ten fe y enfoque, porque los días malos y los días buenos pasan.
