Desastres, conflictos y enfermedades refuerzan el llamado bíblico a la vigilancia y al cuidado de la propia salvación
La COVID-19 afectó al mundo y, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), provocó cerca de 14.9 millones de muertes en diversos países. Ante este escenario alarmante, autoridades y científicos comenzaron a adoptar una postura más cautelosa respecto al surgimiento de nuevos virus.
Aunque el periodo más crítico de la pandemia ha sido superado, la comunidad científica continúa estudiando posibles amenazas globales. En 2024, por ejemplo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó un informe que señaló 27 patógenos y variantes con riesgo «alto» o «medio» de causar nuevas pandemias.
Además, según un artículo publicado en la revista científica The Conversation, algunos virus requieren especial atención este año. Entre ellos está el virus Oropouche, una arbovirosis que, en 2025, registró más de 11 mil casos documentados por el Ministerio de Salud. De la misma forma, el virus Mpox (viruela del mono) también preocupa: en 2026, se contabilizaron 90 casos solo en los dos primeros meses del año. A esto se suma la gripe aviar H5N1, una enfermedad infecciosa que puede afectar a aves y mamíferos y, aunque raramente, también a seres humanos.
Profundiza en el Apocalipsis
Ante este contexto, es importante destacar que ningún país está libre del surgimiento de virus o bacterias. Sin embargo, el temor de la comunidad científica ante posibles enfermedades es algo que ya estaba previsto en la Biblia, que hace referencia a males que afectarían a la humanidad.
En Mateo 24:7, el Señor Jesús advirtió que habría pestes en varios lugares como parte del «principio de dolores»:
«Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino, y en diferentes lugares habrá hambre y terremotos».
Actualmente, además de las incertidumbres en la salud, vivimos en una era marcada por desastres climáticos récord y por una geopolítica inestable. En este contexto, además de los conflictos constantes, las amenazas nucleares intensifican el clima de preocupación global.
De acuerdo con el obispo Renato Cardoso, «el cristiano y todos aquellos que desean la salvación no deben permanecer ignorantes ante las revelaciones apocalípticas, porque estas sirven como alerta para cuidar de la propia salvación, además de la urgencia de llevar la salvación a los perdidos, pues el fin está cerca».
