Enfermedades sin causa

Enfermedades sin causa

Por Social Media

¿Qué pasa cuando no hay explicación para una enfermedad?

“Todas las mañanas, mi cuñada salía a barrer la banqueta de su casa y la mía. Ella encontraba con frecuencia tierra negra y pedazos de gallo frente al portón de mi casa. Poco después, Lupe se enfermó. En el hospital no podían explicar por qué presentaba síntomas de cáncer si no había nada.

A la semana de su fallecimiento, tuve muchos dolores, mi piel se volvió verdosa, adelgacé en una semana, tenía mucha sed y estaba perdiendo la vista”, dijo Ino Leonardo.

No son pocas las personas que tienen una enfermedad sin explicación. “Después de hacerse estudios, los doctores le dicen a sus pacientes: ‘No tienes nada, todo lo está generando tu mente’. Aunque la ciencia ha avanzado, no es de descartarse que alguna enfermedad desconocida pueda ser provocada por brujería”, comenta Irma Helguera, psicóloga.

No, no se trata de quitarle méritos a la ciencia. Sin embargo, la Biblia deja ver que cualquier enfermedad puede ser curada mediante la fe. Antiguamente, por ejemplo, la lepra era calificada como producto de una maldición, pero las Escrituras aseguran que varios leprosos recobraron la salud al recurrir al poder del Señor Jesús.

Si has sido desahuciado(a) o tienes una enfermedad crónica, ahora es el momento en el que puedes darle una oportunidad a Dios.

Te invitamos a la reunión de martes, la entrada y el servicio son gratuitos.

 

 

¡Iban a quitarle 30 centímetros de intestino!

 

Araceli Cerón

Me pasaba las noches sin dormir, solo pensaba en lo que me estaba ocurriendo: mi enfermedad. Al recordar lo que me dijeron los médicos, estaba segura de que mi vida ya no iba a ser igual, para mí, morir era lo mejor. Me diagnosticaron gónadas en el intestino grueso, a raíz de que tuve toda la vida estreñimientos crónicos y cada día era más difícil estar así.

Los médicos me quitarían 30 centímetros de intestino para evitar que las gónadas se expandieran, de no hacerlo, la enfermedad se volviera cáncer. El problema era que al quitarme esos 30 cm de intestino grueso, yo ya no tendría una vida normal.

A veces, uno encuentra la respuesta donde menos se lo espera y para mí fue con Dios. Su poder me sanó, pero era necesario que yo me acercara a Él y depositara mi confianza total en el hecho de que me sanaría. Y así fue.

Antes de prepararme para la cirugía, primero me revisaron y vieron que no tenía nada de gónadas. No lograban explicar qué era lo que había pasado. Pero fue un milagro. Ahora sí me siento muy feliz porque la vida ha cambiado mucho para mí”.

 

 

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