El Reino de Dios: donde la puerta de entrada es el perdón

Dios perdona a todos los que lo invocan con sinceridad

En la meditación de este miércoles 14 de enero, el obispo Edir Macedo enseñó que el Reino de Dios no se asemeja al reino de este mundo. En Él no hay injusticia, desigualdad ni separación entre las personas. Mucho menos distinción social, racial o humana, pues todo se define por el alma.

«En el Reino de Dios no existe pobre ni rico, no existe clase social, ni color. Es el alma. El alma no tiene color, no tiene sexo. El alma es alma», afirmó.

De esta forma, todos son igualmente invitados a formar parte de ese Reino, siempre y cuando acepten vivir según la justicia Divina.

Hambre y sed de la verdadera justicia

Al citar las palabras del Señor Jesús —«Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados»— el obispo aclaró que esa justicia no se refiere a la venganza ni a la justicia humana. Por el contrario, se trata de la justicia de Dios.

Por lo tanto, no es la justicia de este mundo, basada en sentimientos o intereses personales, sino la justicia que nace del carácter Divino. Según el obispo, esa justicia se manifiesta claramente a través del perdón.

«Quien perdona es perdonado. Quien no perdona, no es perdonado por Dios. Eso es justicia», enseñó.

El perdón revela la justicia de Dios

Dios perdona a todos los que lo invocan con sinceridad. Por lo tanto, es justo que Él espere que esas personas también perdonen. De lo contrario, habría injusticia. Sin embargo, como Dios perdona primero, Él se convierte en el mayor ejemplo.

Además, el obispo destacó que el perdón no es un sentimiento, sino una decisión consciente. «Perdonar significa desear el bien a la persona que se equivocó, de la misma forma que Dios desea el bien al ser humano. Así, el perdón se convierte en una elección racional y espiritual».

El perdón es gratuito y accesible para todos

El obispo Edir Macedo enfatizó que nadie necesita merecer el perdón de Dios. Está disponible gratuitamente para quienes reconocen sus errores y los confiesan.

«La persona tiene que querer. Tiene que confesar: “Dios mío, yo fallé, yo pequé”», afirmó.

En ese contexto, citó el ejemplo del rey Manasés, considerado uno de los más perversos de la historia de Judá. Aun así, al reconocer sus pecados y pedir misericordia, fue perdonado por Dios. Esto demuestra que el perdón Divino está disponible para todos los que se arrepienten sinceramente.

La ley del Reino de Dios es el perdón

Jesús dejó claro que el perdón debe ser ilimitado. Cuando Pedro preguntó cuántas veces debía perdonar, Jesús respondió: «Setenta veces siete». Es decir, el perdón debe ser constante.

Según el obispo, esta es la ley del Reino de Dios: la ley del amor, de la misericordia y del perdón. Por eso, no hay manera de entrar en el Reino de Dios sin perdonar.

«Si no perdona, ¿cómo va a ser perdonado?», cuestionó.

Sin perdón, no hay comunión con Dios

Durante el mensaje, el obispo advirtió que la religiosidad sin perdón no tiene valor delante de Dios. Aunque la persona sea fiel en los diezmos, ofrendas o actividades religiosas, nada de eso es aceptado si hay rencor en el corazón.

Recordó las palabras de Jesús registradas en Mateo 5, cuando orienta que la persona no debe presentar ofrenda en el Altar si falta reconciliación con el prójimo.

«Quien carga rencor carga un bloqueo. El cielo permanece cerrado», afirmó.

La decisión que define la vida espiritual

Por último, el obispo Edir Macedo reforzó que la decisión de perdonar o no está en manos de cada persona. «Si perdona, es perdonado. Si no perdona, no es perdonado».

Esa es la justicia de Dios y la base de Su Reino. Quien tiene hambre y sed de esa justicia elige perdonar diariamente, pues desea vivir en el Reino del amor.

«Su vida depende de su perdón. Para entrar en el Reino de Dios, es necesario perdonar», concluyó.

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