«Pero tengo esto contra ti: que has dejado tu primer amor» (Apocalipsis 2:4).
¿Cómo que el primer amor?
Así como tenemos las etapas de la vida: infancia, adolescencia y adultez, el amor también tiene las suyas, y la primera es la más pura de todas, así como nuestra infancia, cuando, en lugar de estar llenos de opiniones propias, éramos como una esponja y absorbíamos todo lo que estaba a nuestra disposición.
Sin embargo, con el tiempo comenzamos a cuestionar todo lo que nuestros padres decían y, así, formando y concluyendo todo en nuestra propia mente, juzgábamos que eso era «personalidad propia».
Y es exactamente así como muchos cristianos actúan con Dios. Un día creyeron en Él sin cuestionar, dudar ni rebatir Su Palabra… No obstante, hoy, llenos de personalidad propia, ya ni siquiera van a la iglesia, pues dicen que no lo necesitan, ya que Dios está en todos lados.
¡Y así es como se va el primer amor!
¿Qué sería de mí si dejara de mirar a mis padres como los miraba cuando era niña? No los escucharía ni me importaría más lo que piensan.
De la misma manera, ¿qué sería de mí si dejara de mirar a Renato como la primera vez que se despertó mi amor por él? No lo valoraría tanto como lo hago hoy.
El primer amor es la referencia para todas las relaciones que tienen como objetivo perdurar hasta el fin.
