El pozo: un lugar de transformación, un punto de encuentro

El pozo: un lugar de transformación, un punto de encuentro

Por Social Media

El agua es esencial para la vida: tanto la Tierra como el cuerpo humano están compuestos en gran parte por este líquido vital. En el pasado, el pozo, que era la fuente de agua, garantizaba la vida de la sociedad; por eso, antes de construir una ciudad, primero era necesario cavar uno. Al analizar la historia de dos grandes parejas de la Biblia, que son ejemplos de bodas felices y duraderas, verificamos en ellos algo en común: la presencia de este elemento.

Estamos hablando de Moisés y Zípora, así como de Isaac y Rebeca. No por casualidad la relación de esas parejas comenzó a desarrollarse al lado de un pozo, o sea, éste siempre estuvo ligado a la vida amorosa. Por eso, para los casados, el pozo representa un lugar de transformación; para los solteros un punto de encuentro. Incluso, la conversión de la mujer samaritana ocurrió justamente cuando ella estaba cerca del pozo. Fue allí que ella tuvo un encuentro con el Señor Jesús y allí mismo hubo el cambio de espíritu en su vida.

Desafortunadamente, la vida amorosa de muchos ha sido un pozo seco o contaminado. Intentan, inútilmente, saciar la sed de felicidad en relaciones frustradas e infelices. Quizá, sin darte cuenta, has sido parte de este grupo de personas: tienes sed de felicidad en la vida amorosa. Si es así, te esperamos el próximo jueves en la Terapia del Amor para recibir el agua del pozo traída del Templo de Salomón para que, al igual que estas parejas de la Biblia, puedas alcanzar la tan soñada realización en tu vida sentimental.

“En mi matrimonio, yo era la que insultaba y golpeaba a mi esposo”

“Mi matrimonio no marchaba bien y debo confesar que, en gran parte, era responsabilidad mía. Era orgullosa, posesiva, agredía a mi esposo física y verbalmente. Él trataba de complacerme, de cuidarme, era detallista, pero nada de esto era suficiente para mí. Demandaba de mi esposo demasiado, sin darme cuenta que quien necesitaba cambiar era yo.

A pesar de que mi carácter era fuerte, mi esposo siempre tuvo la prudencia de no corresponder a mis golpes o insultos, en todo momento guardaba la calma y trataba de mantener un diálogo conmigo, cosa que era imposible por mi nivel de agresividad. En una ocasión, no llegué a la casa porque estaba emborrachándome con malas compañías. Preocupado me habló por teléfono, le respondí que ya no volvería con él. Al día siguiente, cuando el efecto del alcohol había pasado, regresé a casa. Mi esposo me recibió sin cuestionarme nada.

Me invitaron a la Terapia del Amor, en un principio tuve mis dudas, pero mi orgullo se quebró y reconocí que me hacía falta una orientación en los asuntos del amor. Con las reuniones, aprendí lo que es un amor inteligente y cómo cuidar mi matrimonio. Seguí cada consejo que daban y en mí hubo un cambio grande. Dejé de agredir a mi esposo, ahora lo espero con la cena lista, me intereso por él y su trabajo, aprendí a demostrarle mi amor. Hoy tengo un carácter diferente, la agresividad ya no es parte de mí.

La Terapia del Amor no es solo para ayudarnos a tener relaciones sanas, también contribuye muchísimo en sanar las heridas emocionales que nos dejan experiencias del pasado”, Martha González.

Sigue leyendo: Terapia del amor: Entregando el agua del pozo

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